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Fanatismo, Fundamentalismo y Cristianismo Bíblico

Creo que gran parte de la sociedad contemporánea suele ver con recelo a todo aquel que se empeña en “defender” los principios religiosos en los cuales cree, llegando a considerar a tales individuos como “fanáticos” de su religión, y en algunos casos el discurso oficial de los medios de comunicación, líderes políticos y religiosos no denomina a esos sectores como fanáticos sino que los etiqueta de “fundamentalistas”. De esta manera se asumen como equivalentes dos términos que deben diferenciarse, ya que lo contrario contribuye con el debilitamiento de la fe religiosa y con una pérdida de los fundamentos que sustenta a la religión, debido a que lleva implícita una valoración negativa para todo intento de sustentar la religión que se profesa.

En Occidente (donde predomina el Cristianismo) este debilitamiento de la religión se observa en la “secularización” del mundo actual, la pérdida de los valores familiares, el desinterés de los creyentes “laicos” en asumir liderazgo en su religión y rehusar prepararse para ello, en el déficit de líderes de algunas denominaciones religiosas y en el “nominalismo” de muchos creyentes, aquellos que dicen creer o pertenecer a tal o cual religión pero su conducta no expresa una fidelidad a los valores que en su religión se enseñan. Todo esto debido a que el conocimiento y expresión de los “fundamentos” que definen y justifican la fe de la religión comienzan a ser vistos (por los mismos laicos) como un asunto reservado para los líderes, capaces de armonizar la fe con los valores de la sociedad actual, cuidándose de no parecer “fundamentalistas” (como un sinónimo de “fanáticos”), y los laicos solo deben conocer las doctrinas básicas que se derivan de tales fundamentos ya que eso parece ser lo único necesario para que el creyente mantenga viva su fe y su adherencia religiosa.

En este sentido el mensaje de la sociedad contemporánea parece claro: si defiendes tu fe (entiéndase: si predicas o argumentas a favor de ella) eres un “fanático” o “fundamentalista” que no encaja en una sociedad globalizada que se encamina a valores y creencias únicas y compartidas por todos (no los valores y creencias de una religión particular); en consecuencia, ser un creyente (un “religioso”) es algo secundario en tu vida no es el centro de la misma, no es algo que te define sino algo que te complementa.

Pero, ¿Cómo podemos diferenciar entre “fanatismo” y “fundamentalismo”? y ¿Cómo se relacionan entre sí? En primer lugar el fanatismo es un estado psicológico de apasionamiento o entrega total e irracional a la defensa de un ideal, una defensa que no admite la disidencia y la diferencia de opiniones. Es adoptar una posición intransigente a favor de sus creencias u opiniones que no acepta la existencia de otros puntos de vista, por lo tanto cualquier opinión o postura que le sea diferente es considerada como perjudicial, enemiga y merecedora de ser desaparecida. En consecuencia, un fanático es incapaz de producir diálogo crítico de sus opiniones debido a que no escucha ni razona, asimismo es incapaz de valorar y admitir los diferentes aspectos de la realidad. La única realidad que se admite es la que define y acepta su propia perspectiva, religión o doctrina.

A su vez el fundamentalismo se puede entender como una forma de asumir las ideas de tal o cual doctrina mediante la firme adherencia a los principios o fundamentos originales de la misma; implica el seguimiento fiel a las enseñanzas del fundador de la doctrina que se profesa y su buen conocimiento, por ello se le puede considerar equivalente al término “ortodoxo”. En consecuencia, un fundamentalista es aquel individuo que conoce la base o fundamento de la doctrina que cree y que puede defender. Podemos diferenciar dos formas de fundamentalismo: uno “racional” que supone una búsqueda de la “lógica” subyacente a su doctrina, y uno “irracional” que supone una búsqueda de la “preeminencia” de su doctrina al combinar su posición ortodoxa con una defensa ciega; esta diferenciación entre dos “fundamentalismos” permitiría evitar la equivalencia de los términos fanatismo y fundamentalismo. El fundamentalismo “irracional” es una expresión de fanatismo (aquí sí son equivalentes los términos) por lo tanto se puede afirmar que todo fanático es un fundamentalista (en el sentido “irracional”) y un fundamentalista (aún “racional”) puede convertirse en un fanático (perdiendo toda racionalidad) en la medida en que la aceptación de los principios fundamentales de su doctrina no le permite aceptar la existencia de posiciones contrarias a la misma; se pasa entonces, de una posición ante su propia doctrina (donde la misma se acepta en su forma original, ortodoxa o fundamental) a una posición ante las doctrinas contrarias (donde las mismas no se aceptan como posibles y diferentes sino como contrarias y exterminables). Esto último expresa la diferencia entre el fanatismo (o fundamentalismo irracional) y el fundamentalismo (racional): conducen a dos formas distintas de relacionarse con doctrinas contrarias, el fanatismo no las acepta y no combate sus contenidos sino a sus partidarios; el fundamentalismo las acepta como diferentes (aunque no las comparte) y combate sus contenidos (no a quienes creen en ellos).

¿Cuál debe ser la actitud del Cristianismo bíblico ante esta situación? La actitud del Cristianismo bíblico debe comenzar por promover la distinción entre el “fanatismo” (fundamentalismo irracional) y el “fundamentalismo racional”. Digo esto debido a que no existe ninguna razón bíblica para que el Cristianismo degenere en fanatismo; el fanatismo hace del individuo un ser esclavizado, inseguro y con baja autoestima, mientras que el Cristianismo Bíblico hace del individuo un ser libre (Jn 8.31-36), seguro de sí mismo (Fil 4.13, Heb 13.5-6, Sal 118.6) y de alta autoestima (Mr 12.31, Ro 13.9, 1º Co 1.26-31).

Por otro lado, se debe estimular la adopción de la actitud fundamentalista (en su versión “racional” desde luego) en el seno de sus congregaciones, de manera que cada creyente asuma su deber (y derecho) de ser un fundamentalista en su fe. Esto debido a que nosotros como cristianos, estamos en la obligación bíblica de conocer los fundamentos de nuestra doctrina (Jn 5.39, Hch 2.42) así como de ser ejes motores de nuestro aprendizaje (Gál 6.6) estudiando diligentemente las enseñanzas que nos transmiten (Hch 17.11); es sólo de esta manera como podemos “presentar defensa” ante todo aquel que nos demande razón de nuestra fe (1º Pe 3.15). Yo personalmente creo, que cuando un creyente se ocupa de su preparación bíblica y es abierto al diálogo con aquellas doctrinas, costumbres y normas que son contrarias a la formación y enseñanza que ha recibido, sin descuidar que su modelo por excelencia es Jesucristo y su maestro perfecto el Espíritu Santo, se aleja a sí mismo de caer en el extremo del fanatismo y se convierte en un sano defensor de las enseñanzas bíblicas. En consecuencia, hagamos frente a esta realidad con toda la armadura de Dios (Ef 6.11-18) y con el estudio racional de las Escrituras (Jn 5.39), examinando nuestra conducta y fidelidad a la Biblia.

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  1. shayra
    22 septiembre 2009 en 2:42 PM

    Excelente discurso!! sencillamente tiene toda la razón. no sabia por qué lo de hermana a DEISY, el término me sonó muy familiar pero no le presté atención en un primer momento; ahora lo entiendo!! somos de la misma familia, limpiados por la misma sangre. Eso me alegra!! Dios te bendiga… Espero verte pronto.

    • Psic. Nelson Ledezma
      23 septiembre 2009 en 10:15 AM

      Gracias…… “(…) un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Ef. 4:5-6). Bendiciones!!!

  2. Jetzabeth
    5 octubre 2009 en 11:00 PM

    Amen., Amen y Amen profesor de verdad me alegra leer su punto de vista y mas me alegra saber que Dios dia a dia nos une. Somos uno en CRISTO JESUS.

    ¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable

    es que los hermanos habiten

    juntos en armonía!

    Dios le guarde !!

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