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Un análisis al apoyo Popular que tiene el Presidente Venezolano

EL APOYO POPULAR A HUGO CHÁVEZ: UNA LECTURA DESDE LA TEORÍA DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES

(Ponencia presentada por el autor de este blog en las IX Jornadas de Investigación Humanística y Educativa de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, año 2006)

Introducción: Una razón de ser para este trabajo.

Una motivación que dio lugar a un trabajo de mayor alcance[1], el cual aquí intento resumir, fue la de proporcionar una explicación psicosocial al apoyo que un sector de la población venezolana le ha manifestado al Presidente Hugo Chávez. Con dicho propósito y desde una aproximación teórica que reivindicara las ideas del sentido común –los contenidos discursivos de personas que no son “especialistas” en lo que me propuse indagar- pude articular una explicación que se apoya en lo que un grupo de partidarios del Presidente Hugo Chávez tuvo a bien compartir conmigo con respecto a su líder; una pequeña porción de quienes le siguen y que suelen ser llamados (y autodenominados) «chavistas».

Del minucioso análisis cualitativo de contenidos de aquellas «voces chavistas», se obtuvo una amplia gama de categorías que aquí, por razones de espacio, sólo voy a mencionar sin ahondar en los matices y detalles de sus contenidos, para dedicar estas líneas a exponer las conclusiones y reflexiones de este trabajo que sirven de explicación psicosocial al apoyo popular que ha recibido el Presidente Chávez. Una explicación que no deja de ser una lectura –entre muchas posibles- en la cual he articulado un enfoque teórico de la psicología social (a saber: la teoría de las Representaciones Sociales) con las «voces» y «relatos» del sentido común que pude recoger. No obstante, creo que esta propuesta responde a un compromiso humanístico de darle cabida a los diversos matices en que se expresa nuestra naturaleza humana.

Contexto teórico: Psicopolítica y Representaciones Sociales.

Hablar de «psicopolítica» puede parecer, a simple vista, un acto de fundición de dos áreas del saber (la psicología y la política). No obstante, entre los diversos matices que tal acto puede asumir, cuando nuestro primer referente es una “porción” de la psicología a la cual llamamos “psicología social” el panorama cambia. En efecto, desde este referente, la psicopolítica, como espacio de convergencia de la psicología social y la política, puede asumir –al menos- dos modos de expresión: por un lado, ser el producto que deja la psicología social cuando se ocupa de lo político (lo cual sería una psicología de la política o una psicología aplicada a la política); pero, por otro lado, la psicopolítica puede ser “consustancial” de la psicología social. En este caso, la psicología social es psicología política (o psicopolítica) en la medida en que se ocupa de enriquecer toda la realidad social con nuevos discursos y significados de lo que en ella ocurre.

Esta es la perspectiva que de la psicología social asume Fernández Christlieb (1986,1987) cuando define a la psicología política. Para este autor lo político es aquello que “forma parte de la comunicación de una colectividad” (1986; pág.19), de allí que todo cuanto incremente la comunicación en la sociedad se pueda entender, en sí mismo, como una actividad política. A su vez, la psicología política se ocuparía “del análisis de las posibilidades y condiciones de posibilidad de los diversos sujetos sociales (…) en esa dinámica social” (1987; pág.79). Así, al menos, como lo «político» es lo propio de los espacios públicos, incrementar lo comunicable en esos espacios es hacer política.

Ahora bien, esta función política de la psicología social no es propia de toda psicología social. Hacer comunicable lo que ha sido relegado a la esfera de la vida privada y convertido en incomunicable, requiere rescatar los «murmullos» de aquellos cuya viva voz ha sido silenciada. Esto conlleva a estudiar el sentido común, a darles la palabra a los individuos cuyas versiones de la realidad no se comunican en lo público y, junto a ellos, construir discursos que reivindiquen sus posibilidades en tanto actores sociales. Este es un requerimiento que no toda la psicología social puede cubrir. Buena parte de nuestra disciplina, como dice Fernández Christlieb (1994), “por lógica y tradición, se pone como punto de partida lo individual y lo privado” (pág.60), por lo cual lo que en ella se cuestiona y se transforma es la esfera privada, no la esfera pública.

Sólo una psicología social que tome como punto de partida la esfera pública para transformarla, puede considerarse como una psicología política. Una psicología que se vale de la vida cotidiana y procura comprender lo que allí se dice para hacerlo inteligible y comunicable en la esfera pública. Con esta finalidad es que, en este trabajo y desde la teoría de las Representaciones Sociales, recojo la palabra de aquellas voces «chavistas» de la cotidianidad; no de quienes detentan el poder en las estructuras del Estado. Estas voces «chavistas» son la expresión de un sector de la población el cual en conjunto se puede entender, siguiendo a Villarroel (1999), como un actor colectivo; vale decir, un conglomerado heterogéneo constituido por individuos de todas las clases sociales.

Por otra parte, continuando con las Representaciones Sociales, estas, en palabras de su autor Serge Moscovici (1988), “se refieren a los contenidos del pensamiento cotidiano y la reserva de ideas que le dan coherencia a nuestras creencias religiosas, ideas políticas y las conexiones que creamos tan espontáneamente como respirar” (pág.214). Es decir, que estamos hablando de una forma específica de conocimiento: aquel que circula en la vida cotidiana. Dicho conocimiento, de acuerdo con Jodelet (1988), “se denomina conocimiento de sentido común, o bien pensamiento natural” (pág.473, cursivas en el original) en oposición al conocimiento científico; y se caracteriza por ser práctico, es decir, orientado al dominio, comprensión y explicación de los hechos de la vida diaria, y por participar en la construcción social de la realidad.

Una nota metodológica: Obtención y tratamiento de las voces «chavistas».

Para dar cuenta de las voces «chavistas» mencionadas tuve que recurrir a unas herramientas que me permitieron obtener, procesar e interpretar la información requerida. La primera de estas herramientas fue la entrevista «abierta». Siguiendo a Alonso (1999), este tipo de entrevista no es para tomar “muestras” de los discursos que circulan en un orden social, sino para producirlos en el contexto de la entrevista. Esta supone una concesión de libertad a la persona entrevistada, la cual se traduce en no usar protocolos de preguntas que limitan las intervenciones del entrevistado a categorías de respuestas previamente establecidas; de lo que se trata es de facilitar la producción de un discurso rico en detalles y en contenidos, no un discurso carente de ellos. De acuerdo con esto, entrevisté a dieciocho (18) personas con edades comprendidas entre veintisiete (27) y sesenta y cinco (65) años; de ellas, diez (10) eran mujeres y ocho (8) hombres, de diferentes niveles educativos: siete (7) profesionales, dos (2) estudiantes universitarios, dos (2) bachilleres y siete (7) personas que no superaron la educación básica primaria. Las entrevistas fueron realizadas entre el 17 de Diciembre de 2003 y el 17 de Octubre de 2004.

La segunda herramienta fue el análisis de contenido. Una técnica con la cual se abordan, como lo señala Cea D´Ancona (1999), los contenidos manifiestos y latentes de expresiones verbales y/o visuales. Ahora bien, he utilizado esta técnica en su vertiente «cualitativa» para dar cuenta de los elementos semánticos y/o pragmáticos de los textos (es decir, los significados de las expresiones y los usos de las mismas). Sobre este particular, como dice Gómez (2000), el análisis cualitativo se diferencia del cuantitativo debido a que con este último el criterio a seguir es la frecuencia, mientras que en el cualitativo lo importante es lo novedoso, lo interesante; la presencia o ausencia de un tema.

Resultados: Lo que dijeron de Hugo Chávez, el hombre, el líder.

Tal como ya lo advertí al introducir este trabajo, lo que sigue es sólo una síntesis de las “categorías” más relevantes que se obtuvieron del análisis de contenido realizado al corpus discursivo de quienes colaboraron con este estudio. En tal sentido, se prescinde de las porciones de texto y de discursos de los entrevistados que le dan sentido a cada una de las categorías presentadas; no obstante, esta síntesis deja ver los “ejes” que estructuran las representaciones que en torno a Hugo Chávez han hecho sus seguidores.

En primer lugar, entre las categorías obtenidas, destacan aquellas que giran en torno a los atributos personales del Presidente Chávez. Al respecto los entrevistados dijeron, entre otras cosas, que él no es ambicioso, es sincero, humilde, amoroso con los niños y ancianos, trabajador, un hombre de familia que no se avergüenza de su origen humilde. En segundo lugar, encontramos unos contenidos que enfatizan sus atributos en cuanto líder, a saber: que es estable en sus ideas, carismático, con un discurso para las mayorías, accesible sin protocolos, identificado con los pobres y nacionalista. Finalmente, un tercer grupo de contenidos presentan al Presidente Chávez como la «encarnación» de los cambios que el país necesita; de esta manera él vino a revivir a un sector reprimido de la izquierda, es un líder sin sustitutos, alguien que no ha cometido errores ya que estos son de quienes le rodean o de quienes se oponen a su proyecto.

Análisis: Razones del apoyo popular a Hugo Chávez.

Todas las categorías obtenidas, tanto las mencionadas como las omitidas por razones de espacio, han sido entendidas en este trabajo como un sistema de Representaciones Sociales del Presidente Chávez que nos permiten apoyar una «hipótesis» que planteara en su oportunidad Gladys Villarroel (1999) para dar cuenta de ese vínculo entre el Presidente Hugo Chávez y un determinado actor colectivo. De acuerdo a la citada autora, aquellas condiciones que hicieron posible el surgimiento de un nuevo actor colectivo, también posibilitaron la creación de un nuevo discurso político. Uno que ha sido muy bien articulado por el actual Presidente de la República y que tuvo eco en el electorado y en el actor colectivo que lo ha venido apoyando. Dicho eco o «resonancia» que ha tenido el discurso de Hugo Chávez, prosigue la autora, “sugiere que los elementos de esa manera estructurados están presentes en las representaciones” (Villarroel, 1999; pág.73).

Tales «elementos» que subyacen al discurso de Hugo Chávez y a los sistemas de representaciones que elabora y maneja el referido actor colectivo, son descritos por Villarroel aludiendo a otro concepto de Moscovici al interior de la teoría de las Representaciones Sociales: la noción de «Themata». Dicho concepto tomado del ámbito de la filosofía de la ciencia, es usado por Moscovici (1993) para referirse a “contenidos potenciales que están concentrados en proposiciones verbales e imágenes pictóricas que identifican aquello a lo cual se refieren” (pág.3). Adoptado en la psicología social, tal término designa a los «contenidos potenciales» en los cuales se inserta el conocimiento popular y que, además, guían a las personas en sus búsquedas cognitivas.

Puede añadirse que la noción de themata es afín al «conjunto de obviedades» a las que alude Fernández Christlieb (2001) al referirse a la estructura mítica del pensamiento social. Sobre el cual dice: “el pensamiento social o colectivo […] piensa con un conjunto de obviedades (obvio: etimológicamente, el camino que se tiene por delante), de suyo evidentes, de las que no puede prescindir so pena de dejar de pensar” (pág.2). Contenidos potenciales u «obviedades» que han de estructurar representaciones específicas.

Entonces, a la luz del último concepto descrito, lo que Villarroel (1999) sostiene es que el discurso del Presidente Chávez “combina y estructura una serie de thémata de la cultura venezolana” (pág.73); unos contenidos potenciales, inefables, que tienen un lugar en las representaciones aún cuando no se hablara de ellos en la sociedad (¿por ser obvios? –podría pensarse). Dichos thémata, que ella considera como los centros de gravedad de nuestra cultura política, y con los cuales se les da significado a los eventos históricos y sociales de nuestro país, son –en su opinión- cuatro:

1)      La visión de la historia y del cambio histórico como ruptura radical con el pasado. Al respecto dice: “Vivimos la historia como una suerte de tiempo mítico, en el cual cada ciclo nos devuelve al momento fundacional para relanzarnos hacia el futuro” (pág.74).

2)      La imagen que los venezolanos tenemos de nuestro país como un país “provisional e inconcluso […] como error, como pérdida, como azar y […] como ausencia, debilidad, incompletud” (pág.75).

3)      La imagen que tenemos de la política como una conjugación de lucha, poder y voluntad. Donde, “el poder es una lucha incesante y la política se disuelve en relaciones y confrontaciones sobre el poder como despliegue de la voluntad” (pág.76).

4)      Lo que la autora denomina “el ethos de Tío Tigre y Tío Conejo” (pág.76). Es decir, aquella fascinación y admiración contenida que se tiene en nuestro país por el transgresor, el débil (“Tío Conejo”) que va más allá de los límites para burlar la autoridad, el poder (“Tío Tigre”).

Esos cuatro contenidos que se encuentran, en mayor o menos medida, en estado potencial en nuestra cultura política son los que Hugo Chávez ha logrado articular, no sólo con su discurso sino también, en su persona; en su accionar. Él apareció en la escena política con una propuesta de cambio «radical», de ruptura con el pasado, de «revolución» (primer themata); una propuesta de revolución necesaria en un país «incompleto» (segundo themata), dado el sistema político implantado en 1958 en el cual destacaba la ausencia de los sectores mayoritarios de la población. Asimismo, Chávez irrumpe en el escenario político luchando en contra del anterior sistema empleando una serie de «metáforas guerreras» que, en palabras de Villarroel, “no provienen solamente, como se cree, de su formación militar sino de esta unidad cognoscitiva que define la política […] como lucha y confrontación” (pág.76) (tercer themata). Además, se erigió en el gran «transgresor» del anterior sistema ya que, al no provenir de los sectores políticos tradicionales, “se enfrenta a un poder desprestigiado, torpe e ilegítimo, y lo vence” (pág.77) (cuarto themata).

Por otra parte, si, como sostiene Villarroel, los anteriores «Themata» sirven de estructura sobre la cual se construyen los sistemas de representaciones del actor colectivo, los mismos deben, entonces, hilvanar y sostener contenidos como el que aquí hemos estudiado: el sistema de representaciones en torno al Presidente Chávez. En efecto, vale traer a colación, en primer lugar, como se destacan una serie de atributos personales del Presidente a partir de los cuales el actor colectivo lo identifica como uno más de ellos; un hombre del pueblo, sincero, humilde, afectuoso, trabajador, de familia, que no se avergüenza de su origen. Atributos estos que hacen de Hugo Chávez el «Tío Conejo», interpretando a Villarroel, que astutamente pudo burlar al «Tío Tigre» que significaba el anterior sistema; el «excluido» que por más de diez años pudo conspirar en contra de ese sistema desde el interior de la Fuerza Armada sin ser descubierto, el que por ello despierta admiración en ese actor colectivo que busca con él identificarse (cuarto themata).

En segundo lugar, vale recordar los contenidos que configuran un conjunto de rasgos de Hugo Chávez como el líder ideal y adecuado del referido actor colectivo. Él es estable en sus ideas, le llega a la gente, su discurso es dirigido a las mayorías, es accesible, se identifica con los pobres y es nacionalista. Un jefe para el actor colectivo, no solo por ser «uno más de ellos» que se levantó en contra del anterior sistema sino, porque ingresa en el terreno político por la vía de la lucha, de la confrontación (tercer themata).

Tal vez esa visión del líder fuerte, el hombre «de mano dura», se sustente sobre un themata asociado a la concepción de la política como lucha, poder y voluntad que viene a complementar el cuarto themata que describe Villarroel: El débil, el «Tío Conejo», que de tanto burlar a la autoridad, por su pura astucia, carisma y dotes personales, se convierte en el hombre fuerte que domina al otrora «Tío Tigre», el viejo sistema y lo supera. Un themata que podríamos llamar, usando una expresión de Vallenilla Lanz (1999), como el del «Gendarme Necesario». Este no es más que el líder que logra imponer su voluntad por el sometimiento, por la subyugación de aquellos que lo adversan. Una noción que no es nueva en nuestra historia política, sino que, como ya en 1919 Vallenilla Lanz sostenía, ha estado presente en nuestro país desde finales de la “Guerra Civil de Independencia” (como él llamó a la guerra sostenida contra España que hizo de la provincia de Venezuela una República independiente).

Continuando con los themata que presenta Villarroel (1999), hubo contenidos en los discursos de los entrevistados en los cuales emergen, por un lado, la concepción de la historia y del cambio histórico como una ruptura radical con el pasado (primer themata); y, por el otro, la imagen del país provisional, inconcluso (segundo themata). El primero de estos themata se evidencia, básicamente, cuando relatan como Hugo Chávez emerge en un contexto social y político en decadencia, donde se hacía necesario y urgente un cambio en el estado de cosas. Pero, no un cambio desde el interior del sistema, con las reglas del juego imperantes, por la vía pacífica, electoral y constitucional que conviene a un Estado de Derecho. Lo que hizo eco desde la intentona golpista de Febrero de 1992, que cristalizó en la candidatura presidencial de Hugo Chávez en 1998 y su propuesta de una Asamblea Constituyente, fue la posibilidad de un cambio radical, una ruptura total, con el anterior sistema. Tal ha sido la presencia de este themata en nuestra cultura política que, me atrevo a suponer, un importante sector de quienes hoy adversan al Presidente Chávez lo hacen porque no ven en él –contrario a sus seguidores– esa anhelada «ruptura con el pasado».

A su vez, el segundo thémata se puede ver cuando los entrevistados relatan una serie de cambios atribuidos al Presidente Chávez, los cuales vienen a «completar» el inconcluso país que hemos tenido. Allí el hilo conductor del relato es la preeminencia de Hugo Chávez como propulsor y ejecutor de un proceso en donde la oposición no tiene cabida; el otro, el que se opone, pierde espacio ante la mayoría que, se asume, respalda al primer mandatario. En esos contenidos, en la medida en que se libera de errores al Presidente Chávez y se le atribuyen los mismos a su entorno o a la oposición, la «incompletud» –si cabe el término– del país viene dada por la existencia de una oposición «obstruccionista» que impide, no solo la puesta en marcha de los cambios que el Presidente promueve, sino, con ello, que se alcance el país definitivo que queremos; el de la «revolución» que no tiene fecha de caducidad, el del Presidente insustituible.

Conclusión: Una invitación a reflexionar.

Ya para finalizar este trabajo quiero dejar claro que todo cuanto aquí he dicho, en tanto conocimiento psicosocial, versa sobre un tipo de realidad el cual, como nos dice Ibáñez (2001; pág.3):

(…) no es susceptible de ser modificado deliberadamente a partir del conocimiento que sobre él se produce. […] porque ningún objeto social, ningún fenómeno social es lo suficientemente simple para que se puedan establecer con la necesaria precisión las coordenadas de sus condiciones iniciales, y si las condiciones iniciales del momento presente de un fenómeno social no pueden ser conocidas, tampoco se puede “calcular su futuro”. Y si no se puede calcular su futuro […]  tampoco se puede saber qué es, precisamente, lo que convendría alterar para dibujar otro futuro.

En consecuencia, es necesario admitir una complejidad inherente al fenómeno que aquí he abordado del cual, sólo he dado una lectura de entre tantas posibles. Una lectura que parece develar «las coordenadas de las condiciones iniciales» de dicho fenómeno (la existencia del actor colectivo, sus representaciones del Presidente, los thémata que sustentan esos contenidos, etc.) lo cual, para el lector desprevenido de esa complejidad, pareciera ser suficiente para saber qué se debe alterar de esa realidad a fin de «dibujar otro futuro». Nada más lejos de los «alcances» a que pudiera dar lugar este trabajo. No creo, a mi entender, que por develar algunos contenidos del vasto sistema de representaciones que del Presidente Chávez han debido construir sus seguidores, se tengan los elementos necesarios como para, por ejemplo, proceder a «perpetuar» su liderazgo o, por el contrario, a «destruirlo». Si la lectura de este trabajo ha sugerido eso al lector pido disculpas. Creo que «dibujar otro futuro» requiere otras lecturas a las que todos –como actores sociales– estamos invitados a realizar.

REFERENCIAS

Alonso, L. (1999). Sujeto y discurso: El lugar de la entrevista abierta en las prácticas de la sociología cualitativa. En: Delgado, J. M y Gutiérrez, J. (coord.). Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales. (pp. 225–240). (3era reimpresión). Madrid: Síntesis.

Cea D´Ancona, M. A. (1999). Metodología cuantitativa: Estrategias y técnicas de investigación social. (2da reimpresión). Madrid: Síntesis.

Fernández Christlieb, P. (1986). La función de la psicología política. Revista AVEPSO, Vol. 9 (1), 19–25.

Fernández Christlieb, P. (1987). Consideraciones teórico–metodológicas sobre la psicología política. En: Montero, M. (Coord.) Psicología Política Latinoamericana. (pp. 75–99). Caracas: Panapo.

Fernández Christlieb, P. (1994). Psicología social, intersubjetividad y psicología colectiva. En: Montero, M. (Coord.) Construcción y crítica de la psicología social. (pp. 49–108). Barcelona, España: Antropos; Caracas: U.C.V.

Fernández Christlieb, P. (2001). La estructura mítica del pensamiento social. Athenea Digital, número 0, abril. Recuperado el 05 de noviembre de 2004 en: http://antalya.uab.es/athenea

Gómez, M. (2000). Análisis de Contenido Cualitativo y Cuantitativo: Definición, clasificación y metodología. Revista de Ciencias Humanas, Nº20, Revista On–Line disponible en: http://www.utp.edu.co/~chumanas/revistas/revistas/rev20/gomez.htm

Ibáñez, T. (2001). ¿Fondear en la objetividad o navegar hacia el placer?. Athenea Digital, número 0, abril. Recuperado el 05 de noviembre de 2004 en: http://antalya.uab.es/athenea  

Jodelet, D. (1988). La representación social: fenómenos, concepto y teoría. En: Moscovici, S. (Ed.), Psicología Social II (Vol. 2), (pp. 469–494). Barcelona, España: Paidós.

Moscovici, S. (1988). Notes towards a description of Social Representations. European Journal of Social Psychology. Vol.18, 211–250.

Moscovici, S. (1993). Introductory Address at the First International Conference on Social Representations. Papers on Social Representations, Vol.2 (3), 1–11.

Vallenilla Lanz, L. (1999). Cesarismo Democrático: Estudio sobre las bases sociológicas de la constitución efectiva de Venezuela. Caracas: Editorial CEC/Los Libros de El Nacional. (Original publicado en 1919).

Villarroel, G. (1999). Dos hipótesis sobre la democracia venezolana: Actores, Discursos y Representaciones. Revista AVEPSO, Vol.22 (1), 61–80.

 


[1] Dicho trabajo fue mi Tesis de Licenciatura titulada: Hugo Chávez según sus seguidores: Una mirada a su apoyo popular desde la Teoría de las Representaciones Sociales, presentada en Enero de 2005 ante la Universidad Central de Venezuela para optar al Título de Licenciado en Psicología.

Factores que facilitan una relación amorosa (Parte II)

11 septiembre 2009 4 comentarios

En la Parte I afirmé que nuestra tendencia a formar parejas tiene su origen en el “Deseo” –ese impulso de satisfacer nuestras necesidades-, un deseo que cuando se dirige hacia una persona que potencialmente reúne las condiciones para satisfacer nuestras necesidades, ese deseo se convierte en “Atracción”. A su vez, esa atracción cuando es muy intensa induce en nosotros un estado psicológico que nos permite fortalecer esa atracción; ese estado psicológico es el “Enamoramiento”. Pero, también dije que el enamoramiento -o estado de Enajenación Mental Transitoria (EEMT)- desaparece; es transitorio, no perdura.

¿Por qué desaparece? En primer lugar, porque es una condición de nuestro ser en la cual nuestro organismo se centra en fortalecer la atracción creando un “Apego”; y en segundo lugar, porque mientras creamos ese apego no somos 100% funcionales en otras áreas de nuestra vida y nuestro organismo procurará –tarde o temprano- restablecer el equilibrio, de tal manera que seamos funcionales en las diferentes áreas de nuestra vida. Por eso es que mientras estamos “enamorados” perdemos la noción del tiempo, hasta sentimos “maripositas” en el estómago. Pero una vez que ese “apego” se ha construido, volvemos a la normalidad.

Ahora bien, ¿qué es el apego? ¿Qué es eso que “acaba” con el Enamoramiento? Básicamente, el apego es un estado afectivo que creamos para reproducir las “alegrías” y evitar los “miedos”, las “iras” y las “tristezas” que resultan de las relaciones entre humanos. Me atrevo a decir que la función biológica y adaptativa de que estemos diseñados para construir apegos es la de: reproducir lo placentero y evitar lo desagradable. Pero además, también podemos decir que el “apego” es un patrón relacional; una forma más o menos estable de relacionarnos con todas las personas.

Podemos entonces identificar tres (3) tipos de apegos:   

Apego Seguro. Se asocia con relaciones confiadas y positivas. Con más autonomía previa, mejor selección de pareja, ideas más realistas y favorables sobre el amor, es más fácil la intimidad y el compromiso, hay más satisfacción en el vínculo y mejores rupturas cuando se decide terminar una relación.

Apego Ansioso. Se asocia con relaciones dependientes y contínua necesidad de confirmación de que se es amado, dificultades para la autonomía, búsqueda y selección precipitada, miedo a no ser amado, miedo a la pérdida y celos frecuentes, ideas contradictorias sobre el amor, dificultad para romper.

Apego Evitativo. Se asocia con relaciones desconfiadas y distantes. Con pseudo (falsa) autonomía emocional, miedo a la intimidad, dificultad para establecer relaciones, relaciones con poca intimidad, dificultad para las manifestaciones afectivas, ideas pesimistas sobre el amor, aparente fácil ruptura, inseguridad camuflada.

¿Cual es tu tipo de apego predominante? Tu tipo de apego determinará el tipo de relación amorosa que establezcas con tu pareja. Además, recuerda que cuando reconocemos las tres (3) etapas de la formación de parejas: Deseo, Atracción y Enamoramiento, más fácil será mantener siempre viva la llama de la pasión con una pareja estable; simplemente, debemos esforzarnos en reactivar –constantemente- el Deseo, que la Atracción y el Enamoramiento ocurren solos.

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