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Sobre el origen del Cristianismo y la formación del Nuevo Testamento (Parte I).

La religión cristiana tuvo su origen en las “Buenas Nuevas” (griego euaggelion, evangelio) que predicó por Palestina Jesús, llamado “El Cristo” en el idioma griego, es decir, “el ungido” de Dios (en hebreo “El Mesías”) acerca de la salvación que Dios ofrece al hombre en la persona de su Hijo Jesucristo. Jesús inició su ministerio predicando la llegada del “Reino de los Cielos” a los Judíos quienes esperaban, conforme a las promesas hechas a sus antepasados por JHVH (traducido -erróneamente- como Jehová; mejor: Yahvé) sobre la llegada de un Rey, al que llamarían “Mesías” y cuyo nombre sería Emanuel; el cual establecería un reino sobre Israel y sobre toda la Tierra. No obstante, Jesucristo (el Mesías) no estableció en ese momento su reino, sino que ampliando el alcance de la Ley y las costumbres judaicas anunció la igualdad de judíos y no judíos (gentiles) [Mateo 5.17, 8.11-12, 9.10-13] ante el Dios Yahvé; además, proclamó “el Reino de Dios”, un reino espiritual de bondad, de justicia, de amor y de misericordia, virtudes estas que debía practicar su Iglesia (Lucas 17.20-21).

Jesús, durante su ministerio, escogió a doce hombres que fueron sus primeros discípulos y luego sus apóstoles (literalmente enviados) encargados de anunciar el evangelio al mundo y de darle forma a la Iglesia de Dios. Entre estos discípulos estaba el que lo traicionaría, llamado Judas Iscariote, así como los que más tarde serían las “Columnas de la Iglesia de Jerusalén”: Pedro, Juan y Santiago (Jacobo); luego de la traición de Judas (el cual se quitó la vida) Jesucristo compareció ante la justicia Hebrea y Romana, siendo sentenciado a morir clavado en una cruz, muerte esta que se llevó a cabo en vísperas de la fiesta judía de la Pascua. Se cree que al tercer día (contados a la usanza judía de la época, según nuestros tiempo: fueron dos días) Jesucristo resucitó de entre los muertos y que durante cuarenta días se manifestó a sus discípulos. En su última manifestación les dio a sus discípulos la responsabilidad de transmitir sus enseñanzas y el poder de hacer milagros en su nombre. Diez días después del ascenso del Señor Jesucristo, en el día de la fiesta judía de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre todos los discípulos reunidos, quienes (llenos del Espíritu Santo) comenzaron a hablar nuevas lenguas y los apóstoles comenzaron desde aquel día lo que aún hoy continúa haciéndose, el llamado a la humanidad para que forme parte de la Iglesia de Cristo (o valdría decir: “de las iglesias”, aunque dudo que todas se puedan llamar “de Cristo”; pero esto es asunto para otro debate).

En aquel día de Pentecostés el apóstol San Pedro habló a todos los judíos reunidos en Jerusalén con motivo de la fiesta y les habló acerca de la salvación de Dios en la persona de su hijo Jesucristo. Allí tuvo su inicio la Iglesia del Señor con más de tres mil personas que en ese momento fueron bautizados. Esa Iglesia “primigenia” tuvo que soportar las persecuciones en su contra de los Judíos Fariseos, de los Saduceos (secta que no creía en las manifestaciones divinas ni en la resurrección) y de los sacerdotes judíos, los cuales encarcelaron y torturaron a los apóstoles, primero a Pedro y Juan (Hechos 4.1-21), luego en la segunda persecución a todos los doce apóstoles (Hechos 5.18-29); en ambas persecuciones los apóstoles fueron liberados por el temor al pueblo que tenían los líderes judíos. La tercera persecución trajo como consecuencia el primer mártir (quien muere en defensa de lo que profesa creer) de la iglesia del Señor, Esteban, el protomártir cristiano (Hechos 7.55, 8.3), en esta persecución la Iglesia fue dispersada por Judea y Samaria, menos los apóstoles que se resguardaron en Jerusalén, aunque los cristianos esparcidos a donde llegaban anunciaban el evangelio (Hechos 8.4).

En la cuarta persecución aparece la figura de Saulo de Tarso como principal protagonista, el cuál solicitó permiso del Sumo Sacerdote para encarcelar a los cristianos de Damasco. Camino a Damasco, la tradición señala que una luz rodeó a Saulo y el Señor Jesucristo se le apareció y lo escogió como su instrumento para llevar el evangelio a los gentiles, constituyéndolo en el Apóstol de los Gentiles (Hechos 9.1-20); sin embargo, él no fue el primero en predicar a los gentiles el evangelio, esto fue responsabilidad de Pedro en la casa de Cornelio, centurión de la compañía italiana del ejército romano, en Cesarea (Hechos 10.1, 34-38).

Los cristianos esparcidos después de la muerte de Esteban fueron huyendo a Fenicia, Chipre y Antioquía anunciando el evangelio solamente a los Judíos; no obstante, algunos cristianos de Chipre y de Cirene llegaron a la ciudad de Antioquía predicándoles a los griegos de aquella ciudad el evangelio de Jesucristo, dando así inicio a la Iglesia de Antioquía en donde por primera vez se les llamó Cristianos a los creyentes en el evangelio (Hechos 11.19-26). A esta Iglesia fue enviado luego, de parte de la Iglesia de Jerusalén, Bernabé el cual llevó a Saulo y allí estuvieron alrededor de un año. De allí partieron Saulo y Bernabé rumbo a Selencia, navegaron luego a Chipre, llegaron a Salamina y pasaron a Pafos, de Pafos navegaron hasta Perge en Pangilia y de allí a Antioquía de Pisidia. En estos lugares estuvieron predicando el evangelio en las sinagogas de los judíos de donde fueron rechazados y perseguidos (Hechos 13.50.51) por lo que partieron rumbo a Iconio y de allí a la región de  Licaonia en Listra y despues a Derbe; en estas ciudades fueron perseguidos, apedreados y expulsados por los judíos pero Pablo o Saulo y Bernabé regresaron luego a Listra, a Iconio y a Antioquía y en cada Iglesia constituyeron ancianos (griego presbuteros) para la gobernación de cada iglesia local (Hechos 14.1-28).

Después de terminado este primer viaje misionero de Pablo, se llevó a cabo en Jerusalén el primer Concilio de la Iglesia Cristiana (Hechos 15.1-31) en donde estuvieron los apóstoles y ancianos de la Iglesia de Jerusalén y algunos ancianos de la Iglesia de Antioquía, juntamente con Pablo y Bernabé. Dicho concilio parece haber sido presidido por Santiago (o Jacobo) quien para ese momento ya había escrito la “Epístola Universal de Santiago” dirigida a los judíos cristianos dispersos producto de las primeras persecuciones (aproximadamente en el año 45 D.C.). Ya para esta fecha, Mateo había escrito un pre-evangelio en Hebreo.

Después del concilio, el apóstol Pablo inició su segundo viaje misionero acompañado de Silas, pasando por Siria y Cilicia, luego a Derbe y a Listra donde conoció a Timoteo (a quién hizo su ayudante), pasaron por Frigia y Galacia, sin predicar en estas provincias por restricción divina (Hechos 16.6) luego pasaron a Misia y de allí fueron a Troas y, por una visión, pasaron a Macedonia (a la ciudad de Filipos) donde estuvieron algunos días predicando el evangelio. En Troas se unió al grupo misionero de Pablo, Lucas un judío de Antioquía y médico de profesión autor del tercer evangelio y del libro de los Hechos quien fue testigo ocular de los eventos narrados en su libro “Hechos de los Apóstoles”. Allí en Filipos, se convirtió al cristianismo la primera persona de Europa (Hechos 16.14), siendo así fundada la primera Iglesia europea por Pablo (Filipenses 1.1). También Pablo y Silas fueron encarcelados y torturados (Hechos 16.23), luego fueron puestos en libertad y partieron rumbo a Tesalónica, pasando primero por Anfípoles y Apolonia.

En Tesalónica Pablo predicaba en la sinagoga de los Judíos en donde fueron convertidos en Cristianos no solo Judíos sino también los no judíos o gentiles de aquella ciudad; allí estuvieron por espacio de tres meses fundando así otra iglesia (1 Tesalonicenses 1.1). Luego, y por la oposición Judía que provocó una revuelta en aquella ciudad, Pablo y Silas debieron abandonarle viajando rumbo a Berea; una vez en Berea también predicaron sobre el evangelio y permanecieron en aquella ciudad  Silas y Timoteo. Por su parte Pablo, debido a la oposición judía, debió viajar rumbo a Atenas. En Atenas, Pablo predicó el evangelio de Jesucristo pero muy pocos fueron convertidos ya que estos no estaban ganados a creer en el tema de la resurrección (Hechos 17.32), de manera que los pocos que creyeron se fueron con Pablo hacia la ciudad de Corinto. Allí en Corinto Pablo recibió a Silas y Timoteo el cual le dio un informe personal de la Iglesia de Tesalónica (1 Tesalonicenses 3.6) por lo cual Pablo le escribe la “Primera Epístola a los Tesalonicenses” junto con Silvano y Timoteo (1 Tesalonicenses 1.1); siendo esta la primera Epístola de Pablo a iglesia alguna, escrita cerca del año 51 D.C. y después de la “Epístola Universal de Santiago” el primer escritor del N.T.

Esta Epístola a los tesalonicenses produjo en aquella comunidad una alarma general acerca de la segunda venida del Señor Jesucristo, por lo que el Apóstol Pablo debió escribirles (pocos meses después) la “Segunda Epístola a los Tesalonicenses” para aclararles algunas cosas sobre el regreso del Señor (2 Tesalonicenses 2.1-17). Aún estando en Corinto, Pablo fundó otra Iglesia, permaneciendo allí por espacio de un año y medio “enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18.11). Después Pablo, Priscila y Aquila salieron de Corinto rumbo a Siria, pasando por Éfeso (en donde se quedaron Priscila y Aquila) continuando Pablo su viaje hacia Cesarea para visitar aquella iglesia y, de allí, partió luego para Antioquía.

Desde Antioquía Pablo comenzó su tercer viaje misionero visitando las regiones de Galacia y de Frigia, pasando por las ciudades de Tarso, Derbe, Listra, Iconio y Antioquía de Písidia. Luego se dirigió a la ciudad de Éfeso (en donde permanecían Aquila y Priscila ya que Apolos había partido hacia Corinto en Acaya; ver: Hechos 18.27, 19.1). En Éfeso, Pablo permaneció alrededor de tres años (Hechos 19.8-10, 22, 31) y desde allí, cerca del año 54 D.C., el Apóstol Pablo escribió su “Primera Epístola a los Corintios” (1ª Corintios 16.5-8) dirigida a la iglesia de Corinto como respuesta a una carta que aquellos le habían enviado para consultarle acerca del matrimonio y de las comidas ofrecidas a los ídolos por las religiones paganas que se vendían en el mercado (1ª Corintios 7.1, 8.1-13).

Pablo en su primera epístola le promete a los corintios ir a verlos (1ª Corintios 16.5-8) después de pasar en Éfeso la fecha de Pentecostés y de visitar Macedonia. Estando en Éfeso el apóstol, posiblemente, cambió de planes y les escribió a los corintios anunciándoles que los visitaría pronto y que debía pasar luego a Macedonia para regresar a Corinto y de allí partir a Judea (ver: 2ª Corintios 1.15-16). Como no pudo Pablo cumplir con dicho plan debió retomar la ruta escrita en la primera epístola, escribiéndoles una tercera carta para explicarles las razones del cambio de planes (ver: 2ª Corintios 2. 1-4).

Con motivo de la campaña de desprestigio en su contra, Pablo debió escribirles otra carta a la iglesia de Corinto la cual conocemos como “Segunda Epístola a los Corintios” (viene a ser, realmente, la 4ta epístola); escrita en el año 55 D.C. probablemente desde Filipos (Macedonia) para defender la autenticidad y autoridad de su apostolado contra aquellos que pretendían suplantarlo en el afecto y la obediencia de aquellos cristianos (2ª Corintios 10.1, 13.10). En aquella “4ta epístola les anuncia su pronta visita, la cual realizó al salir de Macedonia rumbo a Grecia (Hechos 20.1-3). En Corinto permaneció por tres meses desde donde escribió las epístolas a los “Gálatas” y a los “Romanos”; transcurría el año 56 D.C.; la primera, dirigida a todas las “iglesias de Galacia” (Gálatas 1.2) y la segunda, dirigida a “todos” los que estaban en Roma (Romanos 1.7). En esta carta a los cristianos romanos Pablo les comunica su deseo de ir a Roma para verlos y continuar un viaje rumbo a España (Romanos 15.22-24).

Al terminar su estadía en la región de Acaya (en Grecia), Pablo no pudo embarcarse rumbo a Siria (debido a la oposición Judía) por lo que debió regresar a Macedonia y desde allí (pasando por Asia Menor) fue rumbo a Jerusalén (Hechos 20.3, 21.17); terminando así su tercer viaje misionero. Una vez en Jerusalén, estando Pablo en el Templo, fue atacado por los Judíos, siendo rescatado por los soldados romanos, pero encarcelado por estos (Hechos 21.27-22.29). Luego Pablo debió comparecer ante el concilio judío (Hechos 23.1-22), también ante el gobernador de Judea, Félix (Hechos 23.23-24.27), dos años después compareció ante el sucesor de Félix, Porcio Festo (Hechos 25.1-12) y luego ante el rey Agripa (Hechos 25.13-26.31). Agripa, aún considerando que Pablo podía haber quedado libre pero a solicitud expresa del Apóstol (ejerciendo su derecho de ciudadano romano), hizo llevar a Pablo a Roma para que compareciese ante el César (Hechos 26.32). De tal manera que, en este tiempo, Pablo estuvo prisionero por poco tiempo en Jerusalén, luego tres años en Cesarea y luego por dos años en Roma.

En aquel forzado viaje, Pablo estuvo acompañado por Lucas (el evangelista) en calidad de ayudante y sirviente. Estando en Roma, a Pablo le fue permitido vivir bajo la custodia de un soldado al cual estaba encadenado esperando su proceso. Esta situación de “libertad condicionada” fue aprovechada por Pablo para llevar el evangelio tanto a los judíos como a los gentiles de Roma, ministerio que llevó a cabo durante los dos años de su primera prisión en Roma (Hechos 28.30).

Durante su primera prisión Pablo escribió otras cuatro epístolas, éstas son: Efesios, Colosenses, Filemón y Filipenses, las 3 primeras en el año 60 y la última en el año 61 D.C. De estas epístolas, Efesios es la primera de las epístolas de la prisión dirigida a “los santos y fieles en Cristo Jesús” (Efesios 1.1), lo cual se cree no sólo se refería a la iglesia de Éfeso sino que también incluía a la iglesia de Laodicea (mencionada en Colosenses 4.16). Esto se deduce del hecho que las palabras “a los efesios” no se encuentra en los mejores manuscritos antiguos y el tema de la misma es la Iglesia no como una asamblea local sino como el cuerpo de Cristo, la iglesia verdadera; ya que no dice nada de organización eclesiástica ni dirige ningún saludo a algún creyente en especial.

En cuanto a las dos oportunidades que Pablo estuvo prisionero en Roma entre los años 62 y 68 D.C. (con un intervalo de tiempo en libertad) esto no ha sido del todo aceptado, aún cuando es lo más probable debido al hecho de haber dejado Pablo a Trófimo en Mileto (según 2ª Timoteo 4.20) lo cual no pudo haber ocurrido en el último viaje a Jerusalén que hizo el apóstol (según Hechos 20.4, 21.29) ni en el viaje que hizo el Apóstol a Roma con motivo de la apelación ante el César (dado que en esa ocasión Pablo no pasó por Mileto) por lo cual, para hacer posible ese evento, el Apóstol Pabló debió ser liberado de la primera prisión y haber disfrutado de un intervalo de libertad durante el cual continuó su ministerio. Así pudo visitar a Nicópolis en el mar Adriático al norte de Grecia (Tito 3.12) y a Mileto, cerca de Éfeso en Asia Menor (2ª Timoteo 4.20). Además, fue durante este período de tiempo en libertad que Pablo escribió las epístolas “1ª Timoteo”, “Tito” y “2ª Timoteo” (años 62-64 D.C.); siendo “2ª Timoteo” la última epístola escrita por el apóstol Pablo desde Roma poco antes de padecer el martirio (2ª Timoteo 4.6-8) bajo el reinado de Nerón, quien tras un incendio que destruyó parte de Roma acusó de ello a los cristianos, inició una persecución en la que Pablo fue decapitado en Roma en el año 68 D.C.(en el mismo año en el cual Pedro fue crucificado –también en Roma, mientras ejercía su ministerio como Obispo entre los cristianos de la ciudad capital del Imperio).

En cuanto a las “Epístolas Universales” atribuibles al Apóstol Pedro aquellas fueron escritas: la primera en el año 63 D.C. desde Roma a Babilonia a orillas del Eufrates (1ª Pedro 5.13) y la segunda, en el año 64 D.C. A su vez, La “Epístola Universal” de Judas (hermano de Santiago) se estima que fue escrita cerca del año 66 D.C. al igual, muy probablemente, que la “Epístola a los Hebreos” la cual se cree que fue escrita antes de la destrucción de Jerusalén (Comp. Hebreos 10.11). Por cierto, esa epístola “a los Hebreos”, erróneamente se le atribuye a Pablo, no obstante en dicha carta su nombre no se menciona (como sí ocurre en todas sus otras cartas) aún cuando se pueda suponer que dicha epístola expone el método usado por Pablo al predicar en las sinagogas; de la misma sólo se conoce que fue escrita desde Italia (posiblemente por Apolo, hombre conocedor de las escrituras del A.T. el cual demostraba por las “escrituras que Jesús era el Cristo”; véase: Hechos 18.22-24).

En cuanto al libro de los “Hechos de los Apóstoles” ya se mencionó que este fue escrito por Lucas (el evangelista) cerca del año 65 D.C. dedicado a Teófilo, un cristiano de clase noble, al cual ya había dedicado pocos años antes su evangelio (Lucas 1.1-4, Hechos 1.1-2). Del evangelio de Mateo se estima que alrededor del año 37 D.C. él escribió un pre-evangelio en el idioma hebreo para ser leído por los Judíos cristianos y que luego un autor anónimo escribió en el idioma griego (idioma comercial en la época del Imperio Romano, en el cual fue escrito el resto del N.T.) un evangelio más completo y organizado tomando como base aquel que fue redactado por Mateo; por esta razón se le atribuye a este último el “Evangelio según San Mateo” que actualmente conocemos, cuya versión griega fue escrita cerca del año 80 D.C.

El evangelio de Marcos, y de hecho el único que en realidad se tituló “Evangelio”, fue escrito para los Judíos -cristianos antes de la destrucción de Jerusalén entre los años 57-63 D.C. por Marcos (mencionado en Hechos 12.12, 25, 15.37, 39, Colosenses 4.10, 2 Timoteo 4.11 y Filemon 24).

De los escritos del Apóstol San Juan se sabe que fueron escritos entre los años 90-96 D.C. en la ancianidad del apóstol. De su evangelio y de 1ª de Juan se puede decir que parecen dos tomos de una misma obra, ambos escritos probablemente en el año 90 D.C.; poco después fueron escritas sus dos últimas epístolas (2ª y 3ª de Juan), posiblemente en el mismo año 90 D.C. El último libro del N.T., tal como lo conocemos, fue el Apocalipsis o Revelación también escrito por San Juan (Apocalipsis 1.1) desde la isla de Patmos (Apocalipsis 1.9), en el Mar Egeo, en donde se encontraba el Apóstol viviendo luego de ser desterrado de Éfeso por el Emperador Dominiciano. Se cree que el Capítulo 21 del Evangelio según San Juan fue escrito después de la muerte del apóstol en el año 100 D.C. para desmentir un rumor de que Juan no morirá hasta que volviera el Señor (Juan 21.23, 24).

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  1. 28 octubre 2010 en 10:23 AM

    ANTROPOLOGÍA DEL ADJETIVO CALIFICATIVO: CRISTO.
    Ha Mashiah (המשיח) jristós,( Χριστ) christus,(Χριστoς) Cristo. Estas palabras corresponde a los idiomas hebreo, griego, latín, y español para interpretar el adjetivo: Ungido.
    Ha Mashiah; (El Mesías) es el nombre original apropiado, y correcto para definir el significado a: EL UNGIDO DE YHWH. המשיח, dirime la forma y el fondo antropológico del pueblo de Israel, como su cultura, religión, idioma, mediante la dirección implícita de YHWH como su Elohim eterno.
    Él ordenó para Israel y al mundo, la salvación a través de su único hijo YaHSHuWaH llamado el Mesías. Cuando Pedro dice: Tú eres el “Cristo” realmente no dice la palabra “Cristo” sino que en nuestras Biblias así lo tradujeron, por la influencia helenizante del imperio griego, mediante sus dialectos como el Koiné, que era una lengua dominante, y otros dialectos como el chipriota, Jónico, ático, dórico, etc.
    Lo que realmente dice en este pasaje, y otros similares en los evangelios, es la palabra Mesías, porque los actores principales fueron judíos hablaron el arameo, (que viene a ser igual que el hebreo). En Israel en el tiempo del Mesías nunca le llamaron Cristo, porque esta palabra es propiamente griega, y al decir: cristiano ya se latiniza en una unidad lingüística grecorromano.
    Yahshuwah si aceptaba llamarse Ha Mashiah, nadie con mentalidad judía podría llamarle Cristo, porque su contexto fue judío. Es como explicar::
    ¿“Cómo hicieron los griegos para cambiar el nombre original hebreo: Yehshuwah a Jesús”?
    Tomemos en cuenta que Roma llega a ser imperio por los años 29 a.C. aunque conquistaron a los griegos por medio de las armas, sin embargo no pudieron librarse de la potencia helenizante que desplegó Alejandro Magno desde los 340 a.C. en los territorios conquistados por Grecia.
    Como sabemos el Nuevo Testamento se escribió en el dialecto Koiné, al traducir de este dialecto se pierden muchas esencias culturales, significados importantes para la tradición de los hebreos, como ellos fueron subyugados, perdieron autonomía, y hegemonía, porque Jerusalén fue quemada por el general Tito en el año 71 d.C. un par de años antes de ser emperador, los judíos tenían que huir a todas las naciones de la tierra, abandonando su nación; literalmente Israel desapareció del mapa, aún así ha sido de bendición a las naciones donde fue enviado, cumpliéndose las profecías dadas a Abraham sobre su descendencia, con el tiempo volvió a ser país otra vez en 1948 para que se cumpla lo dicho por YHWH, quien habló a través de sus profetas
    Aparición de las palabras CRISTO y CRISTIANOS.
    Fue por la década del 70 d. C, y después de la caída de Israel por los romanos, los hermanos seguidores del Mesías se dispersaron por todas las direcciones e hicieron fortaleza en Antioquía de Siria, es aquí donde los paganos llaman de forma despectiva a los seguidores del Mesías, llamándoles cristianos, esta palabra es una combinación grecolatina, es entonces en Antioquía donde acuñaron la palabra christianós por primera vez. La ignorancia del pagano se manifiesta en haber tomado como nombre propio un adjetivo, Mesías, que no es un nombre propio, sino un adjetivo calificativo.
    Los griegos estaban acostumbrados en tener muchos cristos a través de la historia, fueron cristos de todo tipo de doctrinas, y tradiciones, cuando miran a los seguidores del Mesías de Israel, para ellos es otro cristo mas con “c” minúscula, aunque cristo para ellos también signifique ungido, ó untado, la diferencia contundente es que Mesías significa: El Ungido de YHWH, y cristo significa cualquier persona untada con aceite, (Khrisma – untado) sea este un iluminado, un ungido, ó cualquier otro con síndrome de libertador.
    La palabra cristo proviene del latín «christus» y éste del griego «jristós», ‘χριστ’ la pronunciación actual se debe al hecho de carecer el latín del sonido “jota” [χ]). ‘χριστoς’. He aquí algunos cristos antes de nuestro Mesías: Attis: El cristo frigio. Buda: El cristo indio y chino. Dionisio: El cristo ateniense. Heracles: El cristo griego. Krishna: El cristo hindú. Mitra: El cristo persa. Zoroastro: El cristo de Babilonia. Osiris: El cristo egipcio.
    La palabra cristo, ó cristianos se introdujo con facilidad entre los “gentiles”, porque los emperadores romanos fueron asiduos perseguidores de los discípulos del verdadero Mesías, especialmente si eran judíos, entonces los hermanos judíos para librarse de esta persecución no mencionaban la palabra Mesías, ó Yehshuwah y preferían huir de las persecuciones a otros países donde podían estar mas tranquilos, así que rápidamente por las persecuciones de los romanos tanto a judíos como a “gentiles” se perdía paulatinamente los otros nombres con las que se conocía a los seguidores del Mesías, y aparecía el nombre grecorromano de cristianos, que fue un poco tolerable para la mentalidad de los perseguidores, pero ni aún así los hermanos “gentiles” se libraron de las brutales persecuciones de los emperadores romanos, quienes para saber con exactitud si eran ó no seguidores de este camino del Mesías, preguntaban individualmente quien era el Kyrios,(Señor) ya que el único kyrios para Roma era el emperador, los hermanos al no decir que César era el kyrios, entonces los perseguían hasta la muerte.
    En la actualidad existe un temor entre los “cristianos” llamarse: Los seguidores del Mesías, ó llamarse mesiánicos, porque hay sectas mesiánicas muy alejadas de la verdad, que dicen ser judíos pero no lo son, por eso prefieren seguir llamándose cristianos, aunque saben que este adjetivo es de origen grecolatino, y que su origen fue tardío al ministerio de la Iglesia primitiva, y que nos llega como un apodo hasta nuestros días, apodo al que nos hemos acostumbrado. En las congregaciones de Oriente, e inclusive en muchas iglesias de Europa no tienen problema de llamarse mesiánicos, y van perdiendo el miedo a seguir llamándose cristianos, ya que es mejor decir: mesiánico que cristiano. .
    Los seguidores de este camino, debemos ser radicales frente a las enseñanzas inerrantes del Mesías, contrastando a lo subjetivo de un sensacionalismo emotivo de doctrinas raras, tanto antiguas como nuevas, haciendo también una revisión, de lo aprendido, como también una relectura intrínseca para despojarnos de estas ropas viejas, que hemos traído como herencia de la fuerza helenística de los imperios en turno, volvernos al didaché para reconciliarnos del divorcio insubstancial entre antiguo y nuevo testamento, dejar de ser sectarios, y trabajar para una sola Iglesia, la única que hay, la del Mesías de Israel, cuánto Él oró, para que seamos perfectos en unidad, la unidad no viene solo por hacer programas bonitos, esta se mantiene en base al amor, el respeto, el de soportarnos los unos a los otros, caminando en la Verdad, y con la Verdad que es: YHSHWH Ha Mashiah nuestro Elohim.
    Muchas gracias por sus reacciones, me hacen mucho bien, porque puedo estar equivocado, mas su intervención me ubica en el lugar correcto. Gracias.
    Escríbame por favor a: Wilson Aguayo a_wilsonia@hotmail.com

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