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Sobre el Origen del Cristianismo y la formación del Nuevo Testamento (Parte II).

No es extraño pensar que los libros mencionados en la primera parte de este texto, no son todos los escritos apostólicos que luego formaron el canon (lit. caña, vara de medir) del N.T. Esto si notamos que fueron once los apóstoles de Jesús, más Mathías (quien fue electo para ocupar el lugar de Judas), el apóstol San Pablo y otros tantos discípulos de Jesús (sin incluir los discípulos de sus discípulos) quienes se encargaron de cumplir con el Ministerio del Apostolado y que (cómo es lógico suponer) debieron escribir muchas cartas; por lo tanto es necesario conocer como fue el proceso mediante el cual se formó nuestro actual N.T.

Primeramente es necesario tener presente que en el comienzo de la Iglesia Cristiana, en cada Iglesia local eran aceptadas como “Palabra de Dios” las escrituras judías (La Ley y los Profetas) las cuales eran leídas y respetadas, conforme al ritual judío en las sinagogas, en cada asamblea. Posteriormente, en la medida en que fueron aparecieron los escritos apostólicos, estos fueron recibidos y añadidos a la colección de las Escrituras Judías de cada asamblea. De tal manera que en cada iglesia local (asamblea) se tenían como Escrituras: (A) la Ley y los Profetas de los Judíos, (generalmente la Septuaginta o versión de los 70 escrita en griego directamente de la lengua hebrea); (B) las cartas apostólicas que le habían sido escritas (como las Epístolas Paulinas), y (C) las copias (manuscritas) de las cartas dirigidas a otras iglesias.

Tales colecciones de escritos apostólicos fueron hechos no por iniciativa propia sino por mandato de los apóstoles, tal como se puede ver en sus propias epístolas (Colosenses 4.16, 1 Tesalonicenses 5.27, 2 Tesalonicenses 2.15, 2 Pedro 1.15, 3.1-2). De manera que, no solamente las llamadas epístolas Universales fueron copiadas y coleccionadas por cada iglesia sino también los otros escritos; incluso los que hoy en día no son reconocidos como canónicos. Sin embargo, no fueron los apóstoles los responsables directos de la formación del canon del N.T., aún cuando vemos, por ejemplo, que Pedro incluyó las epístolas de Pablo con las “otras escrituras” (2 Pedro 3.15-16) y que Pablo citó como “Escritura” un libro del N.T. (ver: 1 Timoteo 5.18, donde dice: “Digno es el obrero de su salario”) aún cuando esta cita no se encuentra en ninguna parte de las Escrituras Judías o A.T., sino en Mateo 10.10 y Lucas 10.7 (esto pone en evidencia que al menos uno de estos libros o el pre-evangelio de Mateo, escrito en Hebreo ya circulaba cuando Pablo escribió 1ª a Timoteo y era considerado como “Escritura” o Palabra de Dios). Lo anterior nos demuestra la gran estima que se les tenía a los escritos apostólicos, aún entre los mismos apóstoles, al calificar a dichos escritos como “Escrituras” divinamente inspiradas.

 Ahora bien, la formación del canon del N.T. fue un proceso lento, debido a varios factores:

     (A) No eran pocas las cartas apostólicas;

     (B) Los libros del N.T. no aparecieron en un mismo lugar sino en varios: Palestina (Mateo, Santiago, Hebreo), Asia Menor (Juan, Gálatas, Efesios, Colosenses, 1-2 Timoteo, Filemón, 1-2 Pedro, 1,2,3 Juan, Judas, Apocalipsis), Grecia (1-2 Corintios, Filemón, 1-2 Tesalonicenses, Lucas) y en Roma (Marcos. Hechos, Romanos), lugares distantes entre sí;

     (C) Eran varias las iglesias locales establecidas;

     (D) Durante los primeros 300 años de historia Cristiana, la Iglesia estuvo bajo la persecución de Judíos y Romanos;

     (E) Los manuscritos originales se fueron desgastando por el uso (por ej. el proceso de copiado era manual);

     (F) Los manuscritos, debido a la persecución, debían mantenerse escondidos; y

     (G) Durante los primeros 3 siglos de la historia Cristiana no pudo celebrarse ningún concilio o conferencia entre iglesias (salvo la reunión de Jerusalén, ver: Hechos 15.1-31) en los cuales las iglesias pudiesen establecer un canon con los escritos que poseían.

Debido a estos factores no había un consenso general entre todas las iglesias Cristianas de la época sobre cuales eran los escritos apostólicos que debían conservarse como “Escritura” o Palabra de Dios.

Así, por lo general, en el primer siglo cada iglesia tenía su propio canon de las Escrituras copiadas en láminas de papiros unidas de tal manera que formaban rollos. Para el siglo II (101-200) los escritos comenzaron a encuadernarse en forma de “Códice”, como los libros modernos, y ya para el siglo IV (301-400) la vitela desplaza al papiro como medio para la escritura por ser un pergamino más fino y duradero. Dada esta variedad de “libros” (o “Escrituras”) es que, hoy en día, pueden verse diferentes manuscritos antiguos que contienen además de los 27 libros canónicos otros muy respetados por las primitivas Iglesias a las cuales fueron dirigidos. Es así como por ejemplo, la Epístola de San Clemente (Filipenses 4.3) a los corintios, escrita cerca del año 95 D.C., forma parte del N.T. (es el libro final) del manuscrito Alejandrino de la Biblia. Pero, por otra parte, otros manuscritos (como el Fragmento Muratoriano, hecho en Roma cerca del 170 D.C. y la antigua versión Siria de la Biblia, hecha a mediados del 2do siglo D.C.) omiten ciertos libros considerados hoy en día como canónicos (el Fragmento Muratoriano omite Hebreos, 1-2 Pedro y Santiago pero incluye Sabiduría y Apocalipsis de Pedro, la versión Siria omite Santiago, 1.2 Pedro, 1-2-3 Juan, Judas y Apocalipsis).

Pese a estas grandes discrepancias existen antiguos escritos de los llamados “Padres Sub-Apostólicos”, algunos contemporáneos con los apóstoles ya dan testimonio que para su época había un grupo de libros o escritos apostólicos considerados como “La Escritura”. Algunos ejemplos de estos escritos son:

     (A) La Epístola a los Corintios de San Clemente (95 D.C.) quien cita o hace referencia a Mateo, Lucas, Romanos, Corintios, Hebreos, 1 Timoteo y 1 Pedro;

     (B) La Epístola de Bernabé cita a Mateo, Juan, Hechos, 2 Pedro y usa la expresión “escrito está”, fórmula que suele aplicarse solamente a las Escrituras;

     (C) La Epístola a los Filipenses de Policarpo (110 D.C.) cita a Filipenses y reproduce frases de otras epístolas de Pablo y de 1 Pedro;

     (D) Las siete cartas de Ignacio (110 D.C.) durante el viaje de Antioquía a Roma para su martirio, cita a Mateo, 1 Pedro, 1 Juan, menciona nueve epístolas de Pablo;

     (E) La “Didaché”, escrita entre el 80 y el 120 D.C., contiene 22 citas de Mateo y otras referencias a Lucas, Juan, Hechos, Romanos, 1-2 Tesalonicenses y 1 Pedro;

     (F) Taciano, cerca del 160 D.C., hizo una armonía de los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, llamado el “Diatessaron”;

     (G) Importante es el testimonio de Tertuliano (160-220 D.C.) el cual habla de las Escrituras Cristianas como “Nuevo Testamento” (título que aparece por vez primera en los escritos de un autor desconocido cerca del 193 D.C.) y en sus obras (aún existentes) hay 1800 citas de los libros del N.T. (valdría la pena no olvidar que mientras vivía Tertuliano aún existían los manuscritos originales de las Epístolas Apostólicas, tal como se deduce de su obra “Contra Herejes” donde dice: “si queréis ejercitar nuestra curiosidad con provecho en el asunto de vuestra salvación, visitad las iglesias apostólicas (…); en las cuales se leen sus propias y auténticas Epístolas, haciendo resonar la voz y representarse el rostro de casa uno de ellos…”;

     (H) Orígenes de Alejandría (185-254 D.C.), erudito cristiano quien dedicó su vida al estudio de las Escrituras, en sus escritos (aún existentes) se hallan dos tercios del N.T. tal como hoy en día lo conocemos y aceptaba los 27 libros que hoy en día se aceptan como escritura divinamente inspirada aún cuando desconocía el autor de Hebreos y dudaba de la originalidad de Santiago, 2 Pedro y 2-3 Juan.

De estos testimonios escritos puede deducirse que en cada iglesia local se habían formado su propio canon de las escrituras apostólicas; estos cánones tenían entre sí libros que eran comunes a cada iglesia que son citados por los “Padres Sub-Apostólicos” en sus escritos y que forman nuestro actual N.T. El rechazo de ciertos libros como “El Pastor de Hermas”, las epístolas de Clemente, Bernabé e Ignacio, el “Apocalipsis de Pedro”, etc. por ciertas iglesias como canónicos (pese a ser estimados por otras iglesias locales) se debió principalmente a que desconocían en algunos lugares y a la poca confianza que se les tenía en otros lugares como escrituras inspiradas. No es extraño encontrar esas dudas en las iglesias originarias en torno a la genuina procedencia apostólica, lo cual pone de manifiesto la cautela que tenían aquellas iglesias en contra de impostores. Precaución esta que se evidencia incluso con los escritos apostólicos del N.T. (esto puede verse en ciertas epístolas donde se da énfasis en quien escribe la carta (ver: Romanos 16.22, 1 Pedro 5.12) con la finalidad que sea reconocida y aceptada la letra del escritor, también Pablo tuvo el cuidado al escribir el saludo final en las cartas que él dictaba (1 Corintios 16.21, Colosenses 4.18, 2 Tesalonicenses 3.17), así como a la iglesia de Galacia les alerta que les escribió con “Grandes Letras” para que no dudasen quien era el autor (Gálatas 6.11) ya que los mismos apóstoles exhortaban las Iglesias a rechazar otras enseñanzas (Romanos 16.17-18, Gálatas 1.6-9, 1 Tesalonicenses 5.21, Santiago 1.21, 2 Pedro 3.15-17).

Otro historiador de la Iglesia, y obispo de Cesarea llamado Eusebio (264-340 D.C.), nos ha dejado otro importante testimonio de los 27 libros canónicos del N.T. Este historiador fue el principal consejero religioso de Constantino (Emperador Romano que aceptó el Cristianismo en el 316 D.C.) quien le encargó la elaboración de 50 Biblias para las iglesias de Constantinopla. Eusebio se informó sobre cuales eran los libros que habían tenido una acogida general en las iglesias; es así como en su “Historia de la Iglesia” habla de 4 clases de libros, que son:

     (A) Los universalmente aceptados: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Hechos, Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, 1 Pedro, 1 Juan y Apocalipsis. Todos estos fueron incluidos en sus Biblias.

     (B) Los libros “Disputados”: Santiago, 2 Pedro, Judas y 2-3 Juan rechazados, por algunas iglesias pero que él (al igual que Orígenes) acepta e incluyen en las Biblias hechas a Constantino.

     (C) Los libros “Espúreos” (lit. Adulterados): “Hechos de Pablo”, el “Pastor de Hermas”, el “Apocalipsis de Pedro”, la “Epístola de Bernabé” y el “Didaché”.

     (D) Las “falsificaciones de Herejes”: el “Evangelio de Pedro”, el “Evangelio de Tomás”, el “Evangelio de Mathías”, los “Hechos de Andrés” y los “Hechos de Juan”.

De estas cuatro clases de libros, Eusebio incluyó en sus Biblias a los universalmente aceptados y los libros disputados, como parte de las “Escrituras” del N.T. Estos 27 libros del N.T., aceptados por Orígenes y Eusebio, al igual que por todas las iglesias casi de manera unánime, fueron ratificados como los libros del N.T. por el Concilio de Cártago en el año 397 D.C. Desde entonces (siglo IV), esos 27 libros han formado parte de nuestras Biblias como libros canónicos. No obstante, en algunas iglesias orientales (de tradición Bizantina –Ortodoxa-) es posible aún hoy encontrar otros libros (ej. El Pastor de Hermas) como parte integral de sus Biblias.

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