Bautistas y Pentecostales: Una diferencia más allá de sus Doctrinas.

Si bien es cierto que entre las diferentes denominaciones evangélicas o protestantes se pueden hallar diferencias en cuanto a prácticas, forma de gobierno eclesiástico o alguna doctrina, es entre los bautistas y Pentecostales donde parecen existir mayores diferencias (al menos así se percibe en el contexto venezolano). No obstante, hay una “diferencia” que no se limita a dos denominaciones, de hecho, los “Pentecostales” no constituyen una sola denominación sino varias (en Venezuela por ejemplo tenemos: Asambleas de Dios, Federación Evangelística Emmanuel, Dios Pentecostal, Luz del Mundo, Santidad Pentecostal, y un largo etc.), sino que se trata de una diferencia que existe entre dos “tipos” de iglesias evangélicas que podemos llamar: “tradicionales” (ej. Luteranas, Anglicanas, Presbiterianas, Bautistas, etc.) y las “carismáticas” (como las denominaciones pentecostales y las iglesias Neo-Pentecostales e Independientes).

Estos dos “tipos” de iglesias (tradicionales y carismáticas) no se refieren a dos doctrinas diferentes (o mejor, dos religiones diferentes), por lo general ambas son consideradas “Evangélicas” o “Protestantes” ya que comparten los puntos fundamentales de la doctrina evangélica, como son: la autoridad única y suficiente de la Biblia (por encima de la Iglesia), la trinidad de Dios, la salvación por fe únicamente en Jesucristo (no una salvación por obras o por creer en “santos”, ángeles o mediadores celestiales), la regeneración por el Espíritu Santo, la segunda venida de Cristo, el Cielo para los salvos y el Infierno para los perdidos, entre otras. Pero, más allá de estas similitudes, de las diferencias organizacionales (rituales o formas de gobierno) y de doctrinas, la “diferencia” entre ambas de la que trata este artículo es el énfasis que le dan a unas doctrinas sobre otras.

Dicho énfasis en ciertas doctrinas es lo que determina el comportamiento diario de los creyentes y la forma de propagar las verdades del evangelio de Cristo, por cuanto constituye el centro del discurso cotidiano de tales hermanos, es decir, el aspecto doctrinal sobre el cual enfatizan es el principal argumento para su crecimiento espiritual y su mensaje evangelístico; no es el único argumento, ni olvidan otras verdades bíblicas, es sólo el principal argumento o núcleo de su discurso y praxis cristiana. Veamos esto con más detenimiento. En el caso de las iglesias “tradicionales” el énfasis reside en la naturaleza de la salvación y la importancia del conocimiento bíblico, mientras que las “carismáticas” hacen énfasis en la segunda venida de Cristo y la regeneración por el Espíritu Santo (otros “énfasis” pudiesen ser descritos pero –por lo pronto- me centraré en estos dos).

En el primer caso, se le concede particular importancia al tema de la salvación: qué es, cómo se obtiene, cómo se evidencia o se relaciona con las buenas obras, la autoridad de la Biblia, cómo es su interpretación y su estudio; esto hace de estas iglesias fuertes defensoras de la autoridad bíblica, así como de la exégesis, hermenéutica y teología clásica. En el segundo caso, las “carismáticas” conceden capital importancia a la escatología (estudio de los eventos futuros) y la pneumatología (estudio del Espíritu Santo); es decir, las señales de la segunda venida de Cristo (en la iglesia, en el mundo y en el pueblo de Israel), qué ocurrirá en el mundo cuando Cristo venga, qué pasará con los creyentes, la importancia del Espíritu Santo en el creyente y la necesidad de una vida espiritual sólida para estar preparados para cuando Cristo venga.

Ahora bien, ¿cómo ese énfasis determina la conducta diaria del creyente y la forma de predicar el evangelio? Propongo una respuesta psicológica que se deriva de un principio de la psicología conductual, según el cual una conducta ocurre con mayor frecuencia cuando se desconoce el momento en el cual se presentará el evento que mantiene la ocurrencia de esa conducta (este principio se conoce como: ley del “Refuerzo Intermitente” o “Refuerzo Variable”). La aplicación de esta ley a la conducta cristiana lo que significa es que la conducta diaria del creyente y la conducta de predicar el evangelio es más frecuente si este espera una recompensa (ver: 1ª Corintios 3.13-15, 9.24-25; 2ª Timoteo 4.7-8) sin saber cuando la tendrá (cuando se conoce el momento de tal “refuerzo” o recompensa la conducta se suele postergar para cuando el momento se acerca).

Interpretando con este principio a los cristianos “tradicionales”, estos esperan tal recompensa, básicamente, después de la muerte cuando acudan al tribunal de Cristo, mientras que en el caso de los “carismáticos” la esperanza de tal recompensa no es tan “lejana” (aunque nadie sabe cuando va a morir nadie espera morir muy pronto), sino que es más “presente” ya que esperan que ocurra cuando Cristo venga; evento del cual no saben cuando va a ocurrir pero creen que puede ocurrir de un momento a otro, por lo tanto, la esperanza de la recompensa está “latente”. En otras palabras, como los primeros no tienen presente la inminente venida de Cristo tampoco les es inminente la realidad de su recompensa, mientras que para los segundos sí. Esto no significa que los “tradicionales” no crean en la segunda venida de Cristo, ni que está pronta a ocurrir, tampoco significa que los “carismáticos” no crean que al morir  no recibirán sus recompensas; lo que quiero decir con eso es que, debido al énfasis doctrinal señalado, se produce una disposición mental para actuar y creer de una forma determinada.

En consecuencia, un determinado énfasis doctrinal produce un determinado patrón de conducta y ese patrón de conducta incide directamente en un aspecto no menos importante, y sobre el cual quiero llamar la atención para finalizar: el crecimiento de la Iglesia. Efectivamente, en la medida en que la conducta diaria del creyente se mantiene con la esperanza de recibir en santidad a Jesucristo en su pronto regreso (énfasis carismático) hay una necesidad de predicar el evangelio y de la forma que sea “para que Cristo nos encuentre cumpliendo la Gran Comisión”. Por el contrario, si la conducta del creyente no se mantiene por esa esperanza “latente”, que en cualquier momento se puede cumplir, la misma se vuelve “fría”, apática con respecto al compromiso evangelístico; o al menos es poco persistente.

En conclusión, el punto de reflexión no es lo apropiado que resulta un determinado énfasis doctrinal, por cuanto en todo exceso se produce un error, sino la búsqueda del equilibrio entre las diversas doctrinas bíblicas que son igualmente importantes e imponderables. Además, importante es rescatar lo valioso que resulta para el crecimiento (tanto en calidad como en cantidad) de la Iglesia de Dios, la disposición a aprender de nuestros hermanos (los unos de los otros) y que nuestro verdadero énfasis sea Jesucristo, su obra, su mensaje, su salvación, lo que hizo, hace y hará en su segunda venida; y todo esto debidamente fundamentado en la Palabra Escrita de Dios.

Sobre el Origen del Cristianismo y la formación del Nuevo Testamento (Parte II).

No es extraño pensar que los libros mencionados en la primera parte de este texto, no son todos los escritos apostólicos que luego formaron el canon (lit. caña, vara de medir) del N.T. Esto si notamos que fueron once los apóstoles de Jesús, más Mathías (quien fue electo para ocupar el lugar de Judas), el apóstol San Pablo y otros tantos discípulos de Jesús (sin incluir los discípulos de sus discípulos) quienes se encargaron de cumplir con el Ministerio del Apostolado y que (cómo es lógico suponer) debieron escribir muchas cartas; por lo tanto es necesario conocer como fue el proceso mediante el cual se formó nuestro actual N.T.

Primeramente es necesario tener presente que en el comienzo de la Iglesia Cristiana, en cada Iglesia local eran aceptadas como “Palabra de Dios” las escrituras judías (La Ley y los Profetas) las cuales eran leídas y respetadas, conforme al ritual judío en las sinagogas, en cada asamblea. Posteriormente, en la medida en que fueron aparecieron los escritos apostólicos, estos fueron recibidos y añadidos a la colección de las Escrituras Judías de cada asamblea. De tal manera que en cada iglesia local (asamblea) se tenían como Escrituras: (A) la Ley y los Profetas de los Judíos, (generalmente la Septuaginta o versión de los 70 escrita en griego directamente de la lengua hebrea); (B) las cartas apostólicas que le habían sido escritas (como las Epístolas Paulinas), y (C) las copias (manuscritas) de las cartas dirigidas a otras iglesias.

Tales colecciones de escritos apostólicos fueron hechos no por iniciativa propia sino por mandato de los apóstoles, tal como se puede ver en sus propias epístolas (Colosenses 4.16, 1 Tesalonicenses 5.27, 2 Tesalonicenses 2.15, 2 Pedro 1.15, 3.1-2). De manera que, no solamente las llamadas epístolas Universales fueron copiadas y coleccionadas por cada iglesia sino también los otros escritos; incluso los que hoy en día no son reconocidos como canónicos. Sin embargo, no fueron los apóstoles los responsables directos de la formación del canon del N.T., aún cuando vemos, por ejemplo, que Pedro incluyó las epístolas de Pablo con las “otras escrituras” (2 Pedro 3.15-16) y que Pablo citó como “Escritura” un libro del N.T. (ver: 1 Timoteo 5.18, donde dice: “Digno es el obrero de su salario”) aún cuando esta cita no se encuentra en ninguna parte de las Escrituras Judías o A.T., sino en Mateo 10.10 y Lucas 10.7 (esto pone en evidencia que al menos uno de estos libros o el pre-evangelio de Mateo, escrito en Hebreo ya circulaba cuando Pablo escribió 1ª a Timoteo y era considerado como “Escritura” o Palabra de Dios). Lo anterior nos demuestra la gran estima que se les tenía a los escritos apostólicos, aún entre los mismos apóstoles, al calificar a dichos escritos como “Escrituras” divinamente inspiradas.

 Ahora bien, la formación del canon del N.T. fue un proceso lento, debido a varios factores:

     (A) No eran pocas las cartas apostólicas;

     (B) Los libros del N.T. no aparecieron en un mismo lugar sino en varios: Palestina (Mateo, Santiago, Hebreo), Asia Menor (Juan, Gálatas, Efesios, Colosenses, 1-2 Timoteo, Filemón, 1-2 Pedro, 1,2,3 Juan, Judas, Apocalipsis), Grecia (1-2 Corintios, Filemón, 1-2 Tesalonicenses, Lucas) y en Roma (Marcos. Hechos, Romanos), lugares distantes entre sí;

     (C) Eran varias las iglesias locales establecidas;

     (D) Durante los primeros 300 años de historia Cristiana, la Iglesia estuvo bajo la persecución de Judíos y Romanos;

     (E) Los manuscritos originales se fueron desgastando por el uso (por ej. el proceso de copiado era manual);

     (F) Los manuscritos, debido a la persecución, debían mantenerse escondidos; y

     (G) Durante los primeros 3 siglos de la historia Cristiana no pudo celebrarse ningún concilio o conferencia entre iglesias (salvo la reunión de Jerusalén, ver: Hechos 15.1-31) en los cuales las iglesias pudiesen establecer un canon con los escritos que poseían.

Debido a estos factores no había un consenso general entre todas las iglesias Cristianas de la época sobre cuales eran los escritos apostólicos que debían conservarse como “Escritura” o Palabra de Dios.

Así, por lo general, en el primer siglo cada iglesia tenía su propio canon de las Escrituras copiadas en láminas de papiros unidas de tal manera que formaban rollos. Para el siglo II (101-200) los escritos comenzaron a encuadernarse en forma de “Códice”, como los libros modernos, y ya para el siglo IV (301-400) la vitela desplaza al papiro como medio para la escritura por ser un pergamino más fino y duradero. Dada esta variedad de “libros” (o “Escrituras”) es que, hoy en día, pueden verse diferentes manuscritos antiguos que contienen además de los 27 libros canónicos otros muy respetados por las primitivas Iglesias a las cuales fueron dirigidos. Es así como por ejemplo, la Epístola de San Clemente (Filipenses 4.3) a los corintios, escrita cerca del año 95 D.C., forma parte del N.T. (es el libro final) del manuscrito Alejandrino de la Biblia. Pero, por otra parte, otros manuscritos (como el Fragmento Muratoriano, hecho en Roma cerca del 170 D.C. y la antigua versión Siria de la Biblia, hecha a mediados del 2do siglo D.C.) omiten ciertos libros considerados hoy en día como canónicos (el Fragmento Muratoriano omite Hebreos, 1-2 Pedro y Santiago pero incluye Sabiduría y Apocalipsis de Pedro, la versión Siria omite Santiago, 1.2 Pedro, 1-2-3 Juan, Judas y Apocalipsis).

Pese a estas grandes discrepancias existen antiguos escritos de los llamados “Padres Sub-Apostólicos”, algunos contemporáneos con los apóstoles ya dan testimonio que para su época había un grupo de libros o escritos apostólicos considerados como “La Escritura”. Algunos ejemplos de estos escritos son:

     (A) La Epístola a los Corintios de San Clemente (95 D.C.) quien cita o hace referencia a Mateo, Lucas, Romanos, Corintios, Hebreos, 1 Timoteo y 1 Pedro;

     (B) La Epístola de Bernabé cita a Mateo, Juan, Hechos, 2 Pedro y usa la expresión “escrito está”, fórmula que suele aplicarse solamente a las Escrituras;

     (C) La Epístola a los Filipenses de Policarpo (110 D.C.) cita a Filipenses y reproduce frases de otras epístolas de Pablo y de 1 Pedro;

     (D) Las siete cartas de Ignacio (110 D.C.) durante el viaje de Antioquía a Roma para su martirio, cita a Mateo, 1 Pedro, 1 Juan, menciona nueve epístolas de Pablo;

     (E) La “Didaché”, escrita entre el 80 y el 120 D.C., contiene 22 citas de Mateo y otras referencias a Lucas, Juan, Hechos, Romanos, 1-2 Tesalonicenses y 1 Pedro;

     (F) Taciano, cerca del 160 D.C., hizo una armonía de los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, llamado el “Diatessaron”;

     (G) Importante es el testimonio de Tertuliano (160-220 D.C.) el cual habla de las Escrituras Cristianas como “Nuevo Testamento” (título que aparece por vez primera en los escritos de un autor desconocido cerca del 193 D.C.) y en sus obras (aún existentes) hay 1800 citas de los libros del N.T. (valdría la pena no olvidar que mientras vivía Tertuliano aún existían los manuscritos originales de las Epístolas Apostólicas, tal como se deduce de su obra “Contra Herejes” donde dice: “si queréis ejercitar nuestra curiosidad con provecho en el asunto de vuestra salvación, visitad las iglesias apostólicas (…); en las cuales se leen sus propias y auténticas Epístolas, haciendo resonar la voz y representarse el rostro de casa uno de ellos…”;

     (H) Orígenes de Alejandría (185-254 D.C.), erudito cristiano quien dedicó su vida al estudio de las Escrituras, en sus escritos (aún existentes) se hallan dos tercios del N.T. tal como hoy en día lo conocemos y aceptaba los 27 libros que hoy en día se aceptan como escritura divinamente inspirada aún cuando desconocía el autor de Hebreos y dudaba de la originalidad de Santiago, 2 Pedro y 2-3 Juan.

De estos testimonios escritos puede deducirse que en cada iglesia local se habían formado su propio canon de las escrituras apostólicas; estos cánones tenían entre sí libros que eran comunes a cada iglesia que son citados por los “Padres Sub-Apostólicos” en sus escritos y que forman nuestro actual N.T. El rechazo de ciertos libros como “El Pastor de Hermas”, las epístolas de Clemente, Bernabé e Ignacio, el “Apocalipsis de Pedro”, etc. por ciertas iglesias como canónicos (pese a ser estimados por otras iglesias locales) se debió principalmente a que desconocían en algunos lugares y a la poca confianza que se les tenía en otros lugares como escrituras inspiradas. No es extraño encontrar esas dudas en las iglesias originarias en torno a la genuina procedencia apostólica, lo cual pone de manifiesto la cautela que tenían aquellas iglesias en contra de impostores. Precaución esta que se evidencia incluso con los escritos apostólicos del N.T. (esto puede verse en ciertas epístolas donde se da énfasis en quien escribe la carta (ver: Romanos 16.22, 1 Pedro 5.12) con la finalidad que sea reconocida y aceptada la letra del escritor, también Pablo tuvo el cuidado al escribir el saludo final en las cartas que él dictaba (1 Corintios 16.21, Colosenses 4.18, 2 Tesalonicenses 3.17), así como a la iglesia de Galacia les alerta que les escribió con “Grandes Letras” para que no dudasen quien era el autor (Gálatas 6.11) ya que los mismos apóstoles exhortaban las Iglesias a rechazar otras enseñanzas (Romanos 16.17-18, Gálatas 1.6-9, 1 Tesalonicenses 5.21, Santiago 1.21, 2 Pedro 3.15-17).

Otro historiador de la Iglesia, y obispo de Cesarea llamado Eusebio (264-340 D.C.), nos ha dejado otro importante testimonio de los 27 libros canónicos del N.T. Este historiador fue el principal consejero religioso de Constantino (Emperador Romano que aceptó el Cristianismo en el 316 D.C.) quien le encargó la elaboración de 50 Biblias para las iglesias de Constantinopla. Eusebio se informó sobre cuales eran los libros que habían tenido una acogida general en las iglesias; es así como en su “Historia de la Iglesia” habla de 4 clases de libros, que son:

     (A) Los universalmente aceptados: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Hechos, Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, 1 Pedro, 1 Juan y Apocalipsis. Todos estos fueron incluidos en sus Biblias.

     (B) Los libros “Disputados”: Santiago, 2 Pedro, Judas y 2-3 Juan rechazados, por algunas iglesias pero que él (al igual que Orígenes) acepta e incluyen en las Biblias hechas a Constantino.

     (C) Los libros “Espúreos” (lit. Adulterados): “Hechos de Pablo”, el “Pastor de Hermas”, el “Apocalipsis de Pedro”, la “Epístola de Bernabé” y el “Didaché”.

     (D) Las “falsificaciones de Herejes”: el “Evangelio de Pedro”, el “Evangelio de Tomás”, el “Evangelio de Mathías”, los “Hechos de Andrés” y los “Hechos de Juan”.

De estas cuatro clases de libros, Eusebio incluyó en sus Biblias a los universalmente aceptados y los libros disputados, como parte de las “Escrituras” del N.T. Estos 27 libros del N.T., aceptados por Orígenes y Eusebio, al igual que por todas las iglesias casi de manera unánime, fueron ratificados como los libros del N.T. por el Concilio de Cártago en el año 397 D.C. Desde entonces (siglo IV), esos 27 libros han formado parte de nuestras Biblias como libros canónicos. No obstante, en algunas iglesias orientales (de tradición Bizantina –Ortodoxa-) es posible aún hoy encontrar otros libros (ej. El Pastor de Hermas) como parte integral de sus Biblias.

Reflexiones sobre las Áreas aplicadas de la Psicología.

Otra “lectura” que podemos hacer de la evolución de la psicología como ciencia, tendría que ser hecha desde las demandas que la sociedad le ha impuesto a los/as psicólogos/as. Es decir, que nos pide la sociedad que hagamos, que respuestas, herramientas y/o soluciones requiere la sociedad que le demos en determinadas áreas y/o problemas. Lo lamentable es que el desarrollo teórico y tecnológico de nuestra disciplina no ha ido a la par de tales demandas; la demanda nos ha superado (quizás porque nuestro inicio ha sido muy tardío -a diferencia de las ciencias físicas, iniciadas en el siglo XVIII), la época contemporánea demanda soluciones y respuestas a una ciencia (la psicología) que aún está en su adolescencia.

Si vemos en nuestra historia, notaremos que -en nuestros comienzos (finales del siglo XIX)- la necesidad cultural (la demanda) era crear una ciencia de la mente independiente de la filosofía. A la nueva psicología sólo se pedía “evidencias” experimentales sobre asuntos “filosóficos” en torno a la mente humana (la conciencia). Sin embargo, con el comienzo del siglo XX, nuevos acontecimientos en la historia mundial cambiarían el panorama: nuevos descubrimientos, el avance de la industrialización, etc., crearon el escenario para que pronto las sociedades demandaran nuevas respuestas a los psicólogos.

Tratemos aquí de esbozar algunos de esos acontecimientos, y sus consecuentes “demandas”, que han marcado el rumbo de la evolución de la psicología; además de influir en el surgimiento de sus “áreas” aplicadas.

1) Comencemos en Francia. En 1899 el gobierno francés acababa de promulgar una Ley que establecía la educación pública para todos los niños con edades entre 6 y 14 años. Pues bien, ante el problema de que los niños no tenían el mismo nivel de formación previa para ingresar al sistema, el gobierno francés le encomendó a Alfred Binet y a su equipo la tarea de “identificar” (clasificar) a los alumnos que podrían recibir una formación académica de aquellos que debían recibir una formación más técnica. De esta manera surge el vasto campo de la PSICOMETRÍA y el interés de la Psicología en desarrollar “Test” como instrumento para medir y diferenciar variables psicológicas (además, este episodio es un antecedente interesante sobre los vínculos que se establecerían luego entre la Psicología y el ámbito Educativo).

2) La Primera Guerra Mundial. Aún estaban frescos los primeros debates sobre cómo abordar el objeto de la psicología (la conciencia -estudiada por Estructuralistas, Funcionalistas y Gestálticos) -en el año de 1914- cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Finalizada la Guerra (1918), una de sus consecuencias que mayor repercusión tuvo en la evolución de la psicología fue el establecimiento de los EEUU como potencia mundial (ellos estaban en el bando de los “ganadores” -si es que hay ganadores en una guerra). Eso se tradujo en una primacía mundial de la psicología que se hacía en los EEUU (en detrimento de lo que se hacía en Europa -devastada por la Guerra).

En aquel entonces -década de los años 1920- estaba surgiendo en EEUU una “nueva” escuela en la Psicología: el Conductismo de Watson. Dicha escuela (que era una versión mejorada del Funcionalismo), sin rivales en EEUU, pasó a ser el modo oficial de hacer Psicología científica. Con un enfoque pragmático, objetivo y orientado a los resultados, su perspectiva Estímulo-Respuesta tuvo éxito: Lo importante era producir resultados en el menor tiempo posible (eso no da lugar a “reflexiones” teóricas sobre estados internos y/o mentales).

El conductismo de Watson “nacionalizó” (“americanizó”) el Condicionamiento descubierto por Iván P. Pavlov (descontextualizándolo, al dejar a un lado las teorías fisiológicas y cerebrales, del autor ruso). Tal “nacionalización” era parte de una demanda cultural de “impulsar” (apropiarse, diría yo) los avances en las ciencias y la tecnología que se hacían en el mundo. Un ejemplo de dicho “impulso”, es la escala de inteligencia Stanford-Binet, que no es más que una adaptación realizada por la Universidad de Stanford (en California) de la escala desarrollada por Alfred Binet en Francia. Volviendo con el Conductismo, la idea de Watson era aplicar el Condicionamiento de Plavov a diferentes ámbitos del quehacer humano (ej. La Educación, el control social, etc.).

Desde 1913 (inicio del movimiento Conductista) hasta 1938 (aparición del Conductismo Radical de B. F. Skinner, un año antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial) –en la época de post-guerra- el conductismo de Watson dominó el mundo de la psicología académica norteamericana (lo que se investigaba en las Universidades). A su vez en Europa, sobrevivía el Psicoanálisis (Freud muere en 1939) gracias a su énfasis aplicado en la solución de “enfermedades mentales”. Esta “supervivencia” del Psicoanálisis fue importante para el establecimiento de la PSICOTERAPIA dentro de la Psiquiatría (en Medicina) y la Psicología Clínica (en Psicología).

3) La Segunda Guerra Mundial. Es con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) que las demandas socio-culturales a la psicología se hacen mayores. Por ejemplo, en EEUU el Departamento de Defensa necesitaba optimizar la selección y el entrenamiento de los soldados (la psicometría aportó mucho en ese sentido); así como facilitar la reinserción (la “reutilización”) de los soldados heridos en combate a los campos de batalla (vale decir que, a partir de ese entonces, se habla del llamado trastorno de Estrés Postraumático). En aquella época, en medio de la hegemonía del Conductismo (ahora versionado por Skinner), los psicólogos conductistas contaron con el apoyo financiero de entidades adscritas al Gobierno de los EEUU. Es así como Skinner trabajó (en plena Guerra) en un proyecto de entrenamiento de palomas (bajo Condicionamiento Operante) para dirigir misiles contra blancos enemigos.

4) La Post-Guerra (la “Guerra Fría”). Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los EEUU debieron enfrentar un problema social importante: la inmigración europea. El necesario control social de los inmigrantes, su adaptación al contexto social norteamericano, la minimización de los conflictos raciales, entre otras necesidades, propiciaron el surgimiento de áreas como las “dinámicas de Grupos”. Otros problemas (demandas) tenían relación con la reinserción de los “Veteranos de la Guerra” en la vida pública y civil de los EEUU: Facilitar la integración de soldados mutilados con sus familias, eliminar las secuelas psicológicas de los combates, proveer un “sentido” de vida a jóvenes soldados cuyo único sentido había sido combatir por el Tío Sam (EEUU), garantizar una educación uniforme (anti-comunista, anti-totalitaria, pro-liberal y pro-valores de los EEUU) a las nuevas generaciones, etc.

En consecuencia, no es difícil ver, en ese escenario de potenciales conflictos sociales, un caldo de cultivo propicio para el surgimiento de “áreas” aplicadas de la psicología tales como: EL ASESORAMIENTO, LA ORIENTACIÓN, LAS TERAPIAS GRUPALES Y/O FAMILIARES, etc. Áreas que tuvieron en las organizaciones sociales (como las Escuelas y las Iglesias) el campo idóneo para la aplicación de medidas que minimizaran el impacto social de la Guerra. De allí que, ante las nuevas demandas, el Conductismo de Skinner entró en crisis (no pudo responder a tales demandas) y otras “escuelas” se abrieron paso en los EEUU: (A) El Psicoanálisis y el Humanismo, en el ámbito de la Clínica, el Asesoramiento y la Orientación Psicológica; (B) el Procesamiento de Información y las Corrientes Cognitivistas de origen europeo (como las ideas de Piaget –“importadas” por Kolhberg y las ideas de Vigotsky –importadas por Bruner), aplicadas en el ámbito Educativo; (C) las teorías sobre la Instrucción (ej. Gagné, Glaser) en el ámbito del entrenamiento militar y la capacitación técnica-Industrial; entre otras.

Como vemos, el relato anterior nos permite “dibujar” un contorno de áreas de la psicología que hoy en día conocemos como: (A) Clínica, (B) Industrial, (C) Educativa, etc.; pero además, dicho relato nos permite ver que el desarrollo de ciertas áreas aplicadas de la psicología está asociado a eventos y circunstancias histórico-sociales que las favorecieron. De allí que para comprender tales áreas en su cabalidad, no es suficiente con identificar “De Qué” se ocupa cada una; cada área tiene una historia en particular, de la cual sólo he presentado algunas pocas ideas.

Mucho más puede decirse de lo que he presentado aquí y más aún de lo que no dije (ej. La aplicación de la psicología en: el deporte, el ámbito forense, el acompañamiento de la muerte, la prevención de la salud, el entrenamiento de líderes organizacionales, el control y reinserción de reclusos, la optimización de los recursos ambientales, el desarrollo de las comunidades organizadas, etc.).

Sobre las raíces y desarrollo de la Psicología Científica.

Es bien sabido que el inicio de la psicología como ciencia experimental (al estilo de la física, la química, etc.) se ha fijado en 1879 (con el laboratorio de Wundt); no obstante, debe quedar claro que sus orígenes son mucho más complejos que fijar una simple fecha (aunque ese es un tema de historia, no de psicología -menos de la psicología educativa). Digamos, para resumir, que la psicología tiene un largo pasado que se remonta a la filosofía (cuando comienza el interés en la mente humana) pero es a finales del siglo XIX cuando algunos pioneros (ej. Wundt, James, etc.) comienzan a pensar científicamente en la psicología.

Lo importante, de momento, es que tengamos muy claro los siguientes elementos:

1) Desde la filosofía se reflexionaba, se teorizaba, se pensaba en asuntos propios de la psicología (ej. cómo tomamos decisiones, cómo sentimos, porqué nos comportamos) pero no se experimentaba para probar o no tales ideas teóricas.

2) La idea de los primeros laboratorios (ej. el de Wundt) era “experimentar” (controlar variables, medir respuestas) y probar las ideas filosóficas que se tenían sobre la mente y la conducta.

3) Tales ideas filosóficas estaban centradas, principalmente, en la mente y la conciencia humana (básicamente, porque se partía de la idea de que la “conciencia” es el elemento que nos diferencia de los animales).

4) Es por eso que el primer “objeto de estudio” de la psicología es la conciencia (ese era el tema de moda en aquel entonces -finales del siglo XIX).

5) Entonces, para los pioneros alemanes (liderados por Wundt) la psicología tenía que estudiar la conciencia y descubrir los elementos que la componen. A esa escuela que buscaba los elementos constituyentes (las partes que forman la mente humana) es la que se llama ESTRUCTURALISMO (la “estructura” de la conciencia).

6) Otros pioneros (ej. James, Hall, Catell) en los EEUU también se interesaron en la conciencia pero, a diferencia de los alemanes (estructuralistas) creían que se debía estudiar las funciones de la conciencia. Es decir, para qué le sirve la conciencia a los seres humanos; a esta escuela se llamó FUNCIONALISMO.

7) Paralelamente (comienzo de 1900 -siglo XX) en Europa (Viena, Suiza) se estaba iniciando la escuela del PSICOANALISIS con Freud, interesados en estudiar otra “estructura” de la mente: la estructura de la mente inconsciente (opuesto a la Conciencia). Pero, además, ellos lo que querían era buscar tratamientos y soluciones a los problemas mentales (lo otros pioneros no pensaron en esto; no eran médicos).

8) En los EEUU, en 1913, Watson no estaba de acuerdo con quienes querían hacer una psicología de la conciencia (Estructuralistas y Funcionalistas) y propuso una psicología de la conducta (por que esta sí se podía observar y la conciencia no; la observación es un elemento necesario para hacer una ciencia objetiva). La propuesta de Watson se llamó: CONDUCTISMO.

9) Paralelo al Conductismo de Watson, pero en Europa (Alemania), otros pioneros (Wertheimer, Kohler y Koffka) se interesaron en la conciencia pero no estudiando sus “partes” sino estudiándola como un “todo”. A este interés en la conciencia como una totalidad se le llamó: GESTALT.

10) Luego y debido en gran parte a las dos Guerras Mundiales que cambiaron las condiciones socio-económicas de Europa, en el viejo continente la psicología no tuvo un mayor desarrollo. Así, de 1913 a 1945 los pioneros alemanes, ya ancianos para la época, fallecieron; y sus seguidores emigraron a USA o se quedaron sin apoyo de sus universidades y/o gobiernos para sus investigaciones.

11) Una excepción a ese declive de la psicología en Europa se encuentra en la ex-URSS (hoy Rusia, Bielorrusia, etc.). Allí, un joven abogado interesado en la psicología llamado Lev Vigotsky, tenía unas ideas muy interesantes sobre la psicología apoyándose en el materialismo dialéctico de Marx. Vigotsky se interesó en el desarrollo de la mente humana (desde la infancia) en relación con su medio socio-cultural. Lamentablemente, Vigotsky murió muy joven (a los 34 años) y no pudo desarrollar con plenitud todas sus ideas.

12) En EEUU, gracias al declive de la psicología en Europa, se impuso (se puso de moda) la escuela Conductista que inició Watson; aunque no fue este quien la popularizó (en 1920 se retiró y se dedicó a la publicidad) sino sus seguidores: Hull, Hunter, Tolman, Skinner, etc. De todos, el mayor exponente del Conductismo fue Skinner (quien descubrió el Condicionamiento Operante).

13) Finalizada la II Guerra Mundial, las ciencias sociales entraron en una crisis de legitimidad (ej. si esas ciencias debían Predecir y Controlar la conducta humana, ¿Por qué no pudieron predecir y controlar las Guerras Mundiales? ¿Por qué no pudieron evitarlas?). En esa crisis de legitimidad, en la década de los años 50, en los EEUU surge la escuela HUMANISTA quienes se preocuparon en las motivaciones y el desarrollo personal (la autorrealización); sus proponentes principales fueron: Maslow y Rogers.

14) También en esa década de los 50, pero en Europa, comienza a tomar cuerpo otra perspectiva sobre la psicología. Se trató de lo que hoy se conoce como EPISTEMOLOGÍA GENÉTICA (también llamado: Constructivismo), propuesto y desarrollado por el biólogo Suizo Jean Piaget; su interés era (al igual que lo había sido para Vigotsky) el desarrollo (la evolución) de la mente infantil.

15) Ya en la década de los 60, de regreso a los EEUU, comienza la llamada “Revolución Cognitiva”, o COGNITIVISMO, en donde se desplaza el interés de la conducta a la cognición (procesos mentales que gestionan el conocimiento). Tal “revolución” no tuvo un único proponente, sino que tuvo varios “Padres” y en varias áreas: por ej. en Clínica, Albert Ellis; en Instrucción, Jerome Bruner, etc.); sin embargo, la principal corriente que se puso de moda fue la llamada escuela del PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN (quienes describían la mente como si fuese una Computadora).

 A grandes rasgos, lo dicho arriba constituyen los principales “hitos” en la historia de la Psicología científica. Otros movimientos y/o escuelas han quedado por fuera (ej. La Psicología del Acto, la Psicología Sistemática, el Funcionalismo Libre, el Conductismo Propositivo, el Inter-conductismo, el Conductismo Social, etc.), ni se han incluido las variaciones que han existido dentro de las principales escuelas mencionadas (ej. las versiones “Débiles” y “Fuertes” del Procesamiento de la Información). Tampoco se han incluido “otras latitudes” (ej. que pasaba en Latinoamérica, Asia, Africa). Lo que aquí se ha dicho es sólo un esbozo de lo que se considera -históricamente- como las principales escuelas de la psicología.

Como toda historia, no es un relato completo, es sólo parcial; más que parcial, parcializado, inclinado a rescatar los elementos (y personajes) que nos interesan para ciertos fines, en nuestro caso: Destacar los elementos históricos de las psicologías dominantes (las que han estado de moda, por así decirlo). Otras “lecturas” y otros “relatos” siempre serán posibles.

Un análisis al apoyo Popular que tiene el Presidente Venezolano

EL APOYO POPULAR A HUGO CHÁVEZ: UNA LECTURA DESDE LA TEORÍA DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES

(Ponencia presentada por el autor de este blog en las IX Jornadas de Investigación Humanística y Educativa de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, año 2006)

Introducción: Una razón de ser para este trabajo.

Una motivación que dio lugar a un trabajo de mayor alcance[1], el cual aquí intento resumir, fue la de proporcionar una explicación psicosocial al apoyo que un sector de la población venezolana le ha manifestado al Presidente Hugo Chávez. Con dicho propósito y desde una aproximación teórica que reivindicara las ideas del sentido común –los contenidos discursivos de personas que no son “especialistas” en lo que me propuse indagar- pude articular una explicación que se apoya en lo que un grupo de partidarios del Presidente Hugo Chávez tuvo a bien compartir conmigo con respecto a su líder; una pequeña porción de quienes le siguen y que suelen ser llamados (y autodenominados) «chavistas».

Del minucioso análisis cualitativo de contenidos de aquellas «voces chavistas», se obtuvo una amplia gama de categorías que aquí, por razones de espacio, sólo voy a mencionar sin ahondar en los matices y detalles de sus contenidos, para dedicar estas líneas a exponer las conclusiones y reflexiones de este trabajo que sirven de explicación psicosocial al apoyo popular que ha recibido el Presidente Chávez. Una explicación que no deja de ser una lectura –entre muchas posibles- en la cual he articulado un enfoque teórico de la psicología social (a saber: la teoría de las Representaciones Sociales) con las «voces» y «relatos» del sentido común que pude recoger. No obstante, creo que esta propuesta responde a un compromiso humanístico de darle cabida a los diversos matices en que se expresa nuestra naturaleza humana.

Contexto teórico: Psicopolítica y Representaciones Sociales.

Hablar de «psicopolítica» puede parecer, a simple vista, un acto de fundición de dos áreas del saber (la psicología y la política). No obstante, entre los diversos matices que tal acto puede asumir, cuando nuestro primer referente es una “porción” de la psicología a la cual llamamos “psicología social” el panorama cambia. En efecto, desde este referente, la psicopolítica, como espacio de convergencia de la psicología social y la política, puede asumir –al menos- dos modos de expresión: por un lado, ser el producto que deja la psicología social cuando se ocupa de lo político (lo cual sería una psicología de la política o una psicología aplicada a la política); pero, por otro lado, la psicopolítica puede ser “consustancial” de la psicología social. En este caso, la psicología social es psicología política (o psicopolítica) en la medida en que se ocupa de enriquecer toda la realidad social con nuevos discursos y significados de lo que en ella ocurre.

Esta es la perspectiva que de la psicología social asume Fernández Christlieb (1986,1987) cuando define a la psicología política. Para este autor lo político es aquello que “forma parte de la comunicación de una colectividad” (1986; pág.19), de allí que todo cuanto incremente la comunicación en la sociedad se pueda entender, en sí mismo, como una actividad política. A su vez, la psicología política se ocuparía “del análisis de las posibilidades y condiciones de posibilidad de los diversos sujetos sociales (…) en esa dinámica social” (1987; pág.79). Así, al menos, como lo «político» es lo propio de los espacios públicos, incrementar lo comunicable en esos espacios es hacer política.

Ahora bien, esta función política de la psicología social no es propia de toda psicología social. Hacer comunicable lo que ha sido relegado a la esfera de la vida privada y convertido en incomunicable, requiere rescatar los «murmullos» de aquellos cuya viva voz ha sido silenciada. Esto conlleva a estudiar el sentido común, a darles la palabra a los individuos cuyas versiones de la realidad no se comunican en lo público y, junto a ellos, construir discursos que reivindiquen sus posibilidades en tanto actores sociales. Este es un requerimiento que no toda la psicología social puede cubrir. Buena parte de nuestra disciplina, como dice Fernández Christlieb (1994), “por lógica y tradición, se pone como punto de partida lo individual y lo privado” (pág.60), por lo cual lo que en ella se cuestiona y se transforma es la esfera privada, no la esfera pública.

Sólo una psicología social que tome como punto de partida la esfera pública para transformarla, puede considerarse como una psicología política. Una psicología que se vale de la vida cotidiana y procura comprender lo que allí se dice para hacerlo inteligible y comunicable en la esfera pública. Con esta finalidad es que, en este trabajo y desde la teoría de las Representaciones Sociales, recojo la palabra de aquellas voces «chavistas» de la cotidianidad; no de quienes detentan el poder en las estructuras del Estado. Estas voces «chavistas» son la expresión de un sector de la población el cual en conjunto se puede entender, siguiendo a Villarroel (1999), como un actor colectivo; vale decir, un conglomerado heterogéneo constituido por individuos de todas las clases sociales.

Por otra parte, continuando con las Representaciones Sociales, estas, en palabras de su autor Serge Moscovici (1988), “se refieren a los contenidos del pensamiento cotidiano y la reserva de ideas que le dan coherencia a nuestras creencias religiosas, ideas políticas y las conexiones que creamos tan espontáneamente como respirar” (pág.214). Es decir, que estamos hablando de una forma específica de conocimiento: aquel que circula en la vida cotidiana. Dicho conocimiento, de acuerdo con Jodelet (1988), “se denomina conocimiento de sentido común, o bien pensamiento natural” (pág.473, cursivas en el original) en oposición al conocimiento científico; y se caracteriza por ser práctico, es decir, orientado al dominio, comprensión y explicación de los hechos de la vida diaria, y por participar en la construcción social de la realidad.

Una nota metodológica: Obtención y tratamiento de las voces «chavistas».

Para dar cuenta de las voces «chavistas» mencionadas tuve que recurrir a unas herramientas que me permitieron obtener, procesar e interpretar la información requerida. La primera de estas herramientas fue la entrevista «abierta». Siguiendo a Alonso (1999), este tipo de entrevista no es para tomar “muestras” de los discursos que circulan en un orden social, sino para producirlos en el contexto de la entrevista. Esta supone una concesión de libertad a la persona entrevistada, la cual se traduce en no usar protocolos de preguntas que limitan las intervenciones del entrevistado a categorías de respuestas previamente establecidas; de lo que se trata es de facilitar la producción de un discurso rico en detalles y en contenidos, no un discurso carente de ellos. De acuerdo con esto, entrevisté a dieciocho (18) personas con edades comprendidas entre veintisiete (27) y sesenta y cinco (65) años; de ellas, diez (10) eran mujeres y ocho (8) hombres, de diferentes niveles educativos: siete (7) profesionales, dos (2) estudiantes universitarios, dos (2) bachilleres y siete (7) personas que no superaron la educación básica primaria. Las entrevistas fueron realizadas entre el 17 de Diciembre de 2003 y el 17 de Octubre de 2004.

La segunda herramienta fue el análisis de contenido. Una técnica con la cual se abordan, como lo señala Cea D´Ancona (1999), los contenidos manifiestos y latentes de expresiones verbales y/o visuales. Ahora bien, he utilizado esta técnica en su vertiente «cualitativa» para dar cuenta de los elementos semánticos y/o pragmáticos de los textos (es decir, los significados de las expresiones y los usos de las mismas). Sobre este particular, como dice Gómez (2000), el análisis cualitativo se diferencia del cuantitativo debido a que con este último el criterio a seguir es la frecuencia, mientras que en el cualitativo lo importante es lo novedoso, lo interesante; la presencia o ausencia de un tema.

Resultados: Lo que dijeron de Hugo Chávez, el hombre, el líder.

Tal como ya lo advertí al introducir este trabajo, lo que sigue es sólo una síntesis de las “categorías” más relevantes que se obtuvieron del análisis de contenido realizado al corpus discursivo de quienes colaboraron con este estudio. En tal sentido, se prescinde de las porciones de texto y de discursos de los entrevistados que le dan sentido a cada una de las categorías presentadas; no obstante, esta síntesis deja ver los “ejes” que estructuran las representaciones que en torno a Hugo Chávez han hecho sus seguidores.

En primer lugar, entre las categorías obtenidas, destacan aquellas que giran en torno a los atributos personales del Presidente Chávez. Al respecto los entrevistados dijeron, entre otras cosas, que él no es ambicioso, es sincero, humilde, amoroso con los niños y ancianos, trabajador, un hombre de familia que no se avergüenza de su origen humilde. En segundo lugar, encontramos unos contenidos que enfatizan sus atributos en cuanto líder, a saber: que es estable en sus ideas, carismático, con un discurso para las mayorías, accesible sin protocolos, identificado con los pobres y nacionalista. Finalmente, un tercer grupo de contenidos presentan al Presidente Chávez como la «encarnación» de los cambios que el país necesita; de esta manera él vino a revivir a un sector reprimido de la izquierda, es un líder sin sustitutos, alguien que no ha cometido errores ya que estos son de quienes le rodean o de quienes se oponen a su proyecto.

Análisis: Razones del apoyo popular a Hugo Chávez.

Todas las categorías obtenidas, tanto las mencionadas como las omitidas por razones de espacio, han sido entendidas en este trabajo como un sistema de Representaciones Sociales del Presidente Chávez que nos permiten apoyar una «hipótesis» que planteara en su oportunidad Gladys Villarroel (1999) para dar cuenta de ese vínculo entre el Presidente Hugo Chávez y un determinado actor colectivo. De acuerdo a la citada autora, aquellas condiciones que hicieron posible el surgimiento de un nuevo actor colectivo, también posibilitaron la creación de un nuevo discurso político. Uno que ha sido muy bien articulado por el actual Presidente de la República y que tuvo eco en el electorado y en el actor colectivo que lo ha venido apoyando. Dicho eco o «resonancia» que ha tenido el discurso de Hugo Chávez, prosigue la autora, “sugiere que los elementos de esa manera estructurados están presentes en las representaciones” (Villarroel, 1999; pág.73).

Tales «elementos» que subyacen al discurso de Hugo Chávez y a los sistemas de representaciones que elabora y maneja el referido actor colectivo, son descritos por Villarroel aludiendo a otro concepto de Moscovici al interior de la teoría de las Representaciones Sociales: la noción de «Themata». Dicho concepto tomado del ámbito de la filosofía de la ciencia, es usado por Moscovici (1993) para referirse a “contenidos potenciales que están concentrados en proposiciones verbales e imágenes pictóricas que identifican aquello a lo cual se refieren” (pág.3). Adoptado en la psicología social, tal término designa a los «contenidos potenciales» en los cuales se inserta el conocimiento popular y que, además, guían a las personas en sus búsquedas cognitivas.

Puede añadirse que la noción de themata es afín al «conjunto de obviedades» a las que alude Fernández Christlieb (2001) al referirse a la estructura mítica del pensamiento social. Sobre el cual dice: “el pensamiento social o colectivo […] piensa con un conjunto de obviedades (obvio: etimológicamente, el camino que se tiene por delante), de suyo evidentes, de las que no puede prescindir so pena de dejar de pensar” (pág.2). Contenidos potenciales u «obviedades» que han de estructurar representaciones específicas.

Entonces, a la luz del último concepto descrito, lo que Villarroel (1999) sostiene es que el discurso del Presidente Chávez “combina y estructura una serie de thémata de la cultura venezolana” (pág.73); unos contenidos potenciales, inefables, que tienen un lugar en las representaciones aún cuando no se hablara de ellos en la sociedad (¿por ser obvios? –podría pensarse). Dichos thémata, que ella considera como los centros de gravedad de nuestra cultura política, y con los cuales se les da significado a los eventos históricos y sociales de nuestro país, son –en su opinión- cuatro:

1)      La visión de la historia y del cambio histórico como ruptura radical con el pasado. Al respecto dice: “Vivimos la historia como una suerte de tiempo mítico, en el cual cada ciclo nos devuelve al momento fundacional para relanzarnos hacia el futuro” (pág.74).

2)      La imagen que los venezolanos tenemos de nuestro país como un país “provisional e inconcluso […] como error, como pérdida, como azar y […] como ausencia, debilidad, incompletud” (pág.75).

3)      La imagen que tenemos de la política como una conjugación de lucha, poder y voluntad. Donde, “el poder es una lucha incesante y la política se disuelve en relaciones y confrontaciones sobre el poder como despliegue de la voluntad” (pág.76).

4)      Lo que la autora denomina “el ethos de Tío Tigre y Tío Conejo” (pág.76). Es decir, aquella fascinación y admiración contenida que se tiene en nuestro país por el transgresor, el débil (“Tío Conejo”) que va más allá de los límites para burlar la autoridad, el poder (“Tío Tigre”).

Esos cuatro contenidos que se encuentran, en mayor o menos medida, en estado potencial en nuestra cultura política son los que Hugo Chávez ha logrado articular, no sólo con su discurso sino también, en su persona; en su accionar. Él apareció en la escena política con una propuesta de cambio «radical», de ruptura con el pasado, de «revolución» (primer themata); una propuesta de revolución necesaria en un país «incompleto» (segundo themata), dado el sistema político implantado en 1958 en el cual destacaba la ausencia de los sectores mayoritarios de la población. Asimismo, Chávez irrumpe en el escenario político luchando en contra del anterior sistema empleando una serie de «metáforas guerreras» que, en palabras de Villarroel, “no provienen solamente, como se cree, de su formación militar sino de esta unidad cognoscitiva que define la política […] como lucha y confrontación” (pág.76) (tercer themata). Además, se erigió en el gran «transgresor» del anterior sistema ya que, al no provenir de los sectores políticos tradicionales, “se enfrenta a un poder desprestigiado, torpe e ilegítimo, y lo vence” (pág.77) (cuarto themata).

Por otra parte, si, como sostiene Villarroel, los anteriores «Themata» sirven de estructura sobre la cual se construyen los sistemas de representaciones del actor colectivo, los mismos deben, entonces, hilvanar y sostener contenidos como el que aquí hemos estudiado: el sistema de representaciones en torno al Presidente Chávez. En efecto, vale traer a colación, en primer lugar, como se destacan una serie de atributos personales del Presidente a partir de los cuales el actor colectivo lo identifica como uno más de ellos; un hombre del pueblo, sincero, humilde, afectuoso, trabajador, de familia, que no se avergüenza de su origen. Atributos estos que hacen de Hugo Chávez el «Tío Conejo», interpretando a Villarroel, que astutamente pudo burlar al «Tío Tigre» que significaba el anterior sistema; el «excluido» que por más de diez años pudo conspirar en contra de ese sistema desde el interior de la Fuerza Armada sin ser descubierto, el que por ello despierta admiración en ese actor colectivo que busca con él identificarse (cuarto themata).

En segundo lugar, vale recordar los contenidos que configuran un conjunto de rasgos de Hugo Chávez como el líder ideal y adecuado del referido actor colectivo. Él es estable en sus ideas, le llega a la gente, su discurso es dirigido a las mayorías, es accesible, se identifica con los pobres y es nacionalista. Un jefe para el actor colectivo, no solo por ser «uno más de ellos» que se levantó en contra del anterior sistema sino, porque ingresa en el terreno político por la vía de la lucha, de la confrontación (tercer themata).

Tal vez esa visión del líder fuerte, el hombre «de mano dura», se sustente sobre un themata asociado a la concepción de la política como lucha, poder y voluntad que viene a complementar el cuarto themata que describe Villarroel: El débil, el «Tío Conejo», que de tanto burlar a la autoridad, por su pura astucia, carisma y dotes personales, se convierte en el hombre fuerte que domina al otrora «Tío Tigre», el viejo sistema y lo supera. Un themata que podríamos llamar, usando una expresión de Vallenilla Lanz (1999), como el del «Gendarme Necesario». Este no es más que el líder que logra imponer su voluntad por el sometimiento, por la subyugación de aquellos que lo adversan. Una noción que no es nueva en nuestra historia política, sino que, como ya en 1919 Vallenilla Lanz sostenía, ha estado presente en nuestro país desde finales de la “Guerra Civil de Independencia” (como él llamó a la guerra sostenida contra España que hizo de la provincia de Venezuela una República independiente).

Continuando con los themata que presenta Villarroel (1999), hubo contenidos en los discursos de los entrevistados en los cuales emergen, por un lado, la concepción de la historia y del cambio histórico como una ruptura radical con el pasado (primer themata); y, por el otro, la imagen del país provisional, inconcluso (segundo themata). El primero de estos themata se evidencia, básicamente, cuando relatan como Hugo Chávez emerge en un contexto social y político en decadencia, donde se hacía necesario y urgente un cambio en el estado de cosas. Pero, no un cambio desde el interior del sistema, con las reglas del juego imperantes, por la vía pacífica, electoral y constitucional que conviene a un Estado de Derecho. Lo que hizo eco desde la intentona golpista de Febrero de 1992, que cristalizó en la candidatura presidencial de Hugo Chávez en 1998 y su propuesta de una Asamblea Constituyente, fue la posibilidad de un cambio radical, una ruptura total, con el anterior sistema. Tal ha sido la presencia de este themata en nuestra cultura política que, me atrevo a suponer, un importante sector de quienes hoy adversan al Presidente Chávez lo hacen porque no ven en él –contrario a sus seguidores– esa anhelada «ruptura con el pasado».

A su vez, el segundo thémata se puede ver cuando los entrevistados relatan una serie de cambios atribuidos al Presidente Chávez, los cuales vienen a «completar» el inconcluso país que hemos tenido. Allí el hilo conductor del relato es la preeminencia de Hugo Chávez como propulsor y ejecutor de un proceso en donde la oposición no tiene cabida; el otro, el que se opone, pierde espacio ante la mayoría que, se asume, respalda al primer mandatario. En esos contenidos, en la medida en que se libera de errores al Presidente Chávez y se le atribuyen los mismos a su entorno o a la oposición, la «incompletud» –si cabe el término– del país viene dada por la existencia de una oposición «obstruccionista» que impide, no solo la puesta en marcha de los cambios que el Presidente promueve, sino, con ello, que se alcance el país definitivo que queremos; el de la «revolución» que no tiene fecha de caducidad, el del Presidente insustituible.

Conclusión: Una invitación a reflexionar.

Ya para finalizar este trabajo quiero dejar claro que todo cuanto aquí he dicho, en tanto conocimiento psicosocial, versa sobre un tipo de realidad el cual, como nos dice Ibáñez (2001; pág.3):

(…) no es susceptible de ser modificado deliberadamente a partir del conocimiento que sobre él se produce. […] porque ningún objeto social, ningún fenómeno social es lo suficientemente simple para que se puedan establecer con la necesaria precisión las coordenadas de sus condiciones iniciales, y si las condiciones iniciales del momento presente de un fenómeno social no pueden ser conocidas, tampoco se puede “calcular su futuro”. Y si no se puede calcular su futuro […]  tampoco se puede saber qué es, precisamente, lo que convendría alterar para dibujar otro futuro.

En consecuencia, es necesario admitir una complejidad inherente al fenómeno que aquí he abordado del cual, sólo he dado una lectura de entre tantas posibles. Una lectura que parece develar «las coordenadas de las condiciones iniciales» de dicho fenómeno (la existencia del actor colectivo, sus representaciones del Presidente, los thémata que sustentan esos contenidos, etc.) lo cual, para el lector desprevenido de esa complejidad, pareciera ser suficiente para saber qué se debe alterar de esa realidad a fin de «dibujar otro futuro». Nada más lejos de los «alcances» a que pudiera dar lugar este trabajo. No creo, a mi entender, que por develar algunos contenidos del vasto sistema de representaciones que del Presidente Chávez han debido construir sus seguidores, se tengan los elementos necesarios como para, por ejemplo, proceder a «perpetuar» su liderazgo o, por el contrario, a «destruirlo». Si la lectura de este trabajo ha sugerido eso al lector pido disculpas. Creo que «dibujar otro futuro» requiere otras lecturas a las que todos –como actores sociales– estamos invitados a realizar.

REFERENCIAS

Alonso, L. (1999). Sujeto y discurso: El lugar de la entrevista abierta en las prácticas de la sociología cualitativa. En: Delgado, J. M y Gutiérrez, J. (coord.). Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales. (pp. 225–240). (3era reimpresión). Madrid: Síntesis.

Cea D´Ancona, M. A. (1999). Metodología cuantitativa: Estrategias y técnicas de investigación social. (2da reimpresión). Madrid: Síntesis.

Fernández Christlieb, P. (1986). La función de la psicología política. Revista AVEPSO, Vol. 9 (1), 19–25.

Fernández Christlieb, P. (1987). Consideraciones teórico–metodológicas sobre la psicología política. En: Montero, M. (Coord.) Psicología Política Latinoamericana. (pp. 75–99). Caracas: Panapo.

Fernández Christlieb, P. (1994). Psicología social, intersubjetividad y psicología colectiva. En: Montero, M. (Coord.) Construcción y crítica de la psicología social. (pp. 49–108). Barcelona, España: Antropos; Caracas: U.C.V.

Fernández Christlieb, P. (2001). La estructura mítica del pensamiento social. Athenea Digital, número 0, abril. Recuperado el 05 de noviembre de 2004 en: http://antalya.uab.es/athenea

Gómez, M. (2000). Análisis de Contenido Cualitativo y Cuantitativo: Definición, clasificación y metodología. Revista de Ciencias Humanas, Nº20, Revista On–Line disponible en: http://www.utp.edu.co/~chumanas/revistas/revistas/rev20/gomez.htm

Ibáñez, T. (2001). ¿Fondear en la objetividad o navegar hacia el placer?. Athenea Digital, número 0, abril. Recuperado el 05 de noviembre de 2004 en: http://antalya.uab.es/athenea  

Jodelet, D. (1988). La representación social: fenómenos, concepto y teoría. En: Moscovici, S. (Ed.), Psicología Social II (Vol. 2), (pp. 469–494). Barcelona, España: Paidós.

Moscovici, S. (1988). Notes towards a description of Social Representations. European Journal of Social Psychology. Vol.18, 211–250.

Moscovici, S. (1993). Introductory Address at the First International Conference on Social Representations. Papers on Social Representations, Vol.2 (3), 1–11.

Vallenilla Lanz, L. (1999). Cesarismo Democrático: Estudio sobre las bases sociológicas de la constitución efectiva de Venezuela. Caracas: Editorial CEC/Los Libros de El Nacional. (Original publicado en 1919).

Villarroel, G. (1999). Dos hipótesis sobre la democracia venezolana: Actores, Discursos y Representaciones. Revista AVEPSO, Vol.22 (1), 61–80.

 


[1] Dicho trabajo fue mi Tesis de Licenciatura titulada: Hugo Chávez según sus seguidores: Una mirada a su apoyo popular desde la Teoría de las Representaciones Sociales, presentada en Enero de 2005 ante la Universidad Central de Venezuela para optar al Título de Licenciado en Psicología.

Sobre el origen del Cristianismo y la formación del Nuevo Testamento (Parte I).

La religión cristiana tuvo su origen en las “Buenas Nuevas” (griego euaggelion, evangelio) que predicó por Palestina Jesús, llamado “El Cristo” en el idioma griego, es decir, “el ungido” de Dios (en hebreo “El Mesías”) acerca de la salvación que Dios ofrece al hombre en la persona de su Hijo Jesucristo. Jesús inició su ministerio predicando la llegada del “Reino de los Cielos” a los Judíos quienes esperaban, conforme a las promesas hechas a sus antepasados por JHVH (traducido -erróneamente- como Jehová; mejor: Yahvé) sobre la llegada de un Rey, al que llamarían “Mesías” y cuyo nombre sería Emanuel; el cual establecería un reino sobre Israel y sobre toda la Tierra. No obstante, Jesucristo (el Mesías) no estableció en ese momento su reino, sino que ampliando el alcance de la Ley y las costumbres judaicas anunció la igualdad de judíos y no judíos (gentiles) [Mateo 5.17, 8.11-12, 9.10-13] ante el Dios Yahvé; además, proclamó “el Reino de Dios”, un reino espiritual de bondad, de justicia, de amor y de misericordia, virtudes estas que debía practicar su Iglesia (Lucas 17.20-21).

Jesús, durante su ministerio, escogió a doce hombres que fueron sus primeros discípulos y luego sus apóstoles (literalmente enviados) encargados de anunciar el evangelio al mundo y de darle forma a la Iglesia de Dios. Entre estos discípulos estaba el que lo traicionaría, llamado Judas Iscariote, así como los que más tarde serían las “Columnas de la Iglesia de Jerusalén”: Pedro, Juan y Santiago (Jacobo); luego de la traición de Judas (el cual se quitó la vida) Jesucristo compareció ante la justicia Hebrea y Romana, siendo sentenciado a morir clavado en una cruz, muerte esta que se llevó a cabo en vísperas de la fiesta judía de la Pascua. Se cree que al tercer día (contados a la usanza judía de la época, según nuestros tiempo: fueron dos días) Jesucristo resucitó de entre los muertos y que durante cuarenta días se manifestó a sus discípulos. En su última manifestación les dio a sus discípulos la responsabilidad de transmitir sus enseñanzas y el poder de hacer milagros en su nombre. Diez días después del ascenso del Señor Jesucristo, en el día de la fiesta judía de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre todos los discípulos reunidos, quienes (llenos del Espíritu Santo) comenzaron a hablar nuevas lenguas y los apóstoles comenzaron desde aquel día lo que aún hoy continúa haciéndose, el llamado a la humanidad para que forme parte de la Iglesia de Cristo (o valdría decir: “de las iglesias”, aunque dudo que todas se puedan llamar “de Cristo”; pero esto es asunto para otro debate).

En aquel día de Pentecostés el apóstol San Pedro habló a todos los judíos reunidos en Jerusalén con motivo de la fiesta y les habló acerca de la salvación de Dios en la persona de su hijo Jesucristo. Allí tuvo su inicio la Iglesia del Señor con más de tres mil personas que en ese momento fueron bautizados. Esa Iglesia “primigenia” tuvo que soportar las persecuciones en su contra de los Judíos Fariseos, de los Saduceos (secta que no creía en las manifestaciones divinas ni en la resurrección) y de los sacerdotes judíos, los cuales encarcelaron y torturaron a los apóstoles, primero a Pedro y Juan (Hechos 4.1-21), luego en la segunda persecución a todos los doce apóstoles (Hechos 5.18-29); en ambas persecuciones los apóstoles fueron liberados por el temor al pueblo que tenían los líderes judíos. La tercera persecución trajo como consecuencia el primer mártir (quien muere en defensa de lo que profesa creer) de la iglesia del Señor, Esteban, el protomártir cristiano (Hechos 7.55, 8.3), en esta persecución la Iglesia fue dispersada por Judea y Samaria, menos los apóstoles que se resguardaron en Jerusalén, aunque los cristianos esparcidos a donde llegaban anunciaban el evangelio (Hechos 8.4).

En la cuarta persecución aparece la figura de Saulo de Tarso como principal protagonista, el cuál solicitó permiso del Sumo Sacerdote para encarcelar a los cristianos de Damasco. Camino a Damasco, la tradición señala que una luz rodeó a Saulo y el Señor Jesucristo se le apareció y lo escogió como su instrumento para llevar el evangelio a los gentiles, constituyéndolo en el Apóstol de los Gentiles (Hechos 9.1-20); sin embargo, él no fue el primero en predicar a los gentiles el evangelio, esto fue responsabilidad de Pedro en la casa de Cornelio, centurión de la compañía italiana del ejército romano, en Cesarea (Hechos 10.1, 34-38).

Los cristianos esparcidos después de la muerte de Esteban fueron huyendo a Fenicia, Chipre y Antioquía anunciando el evangelio solamente a los Judíos; no obstante, algunos cristianos de Chipre y de Cirene llegaron a la ciudad de Antioquía predicándoles a los griegos de aquella ciudad el evangelio de Jesucristo, dando así inicio a la Iglesia de Antioquía en donde por primera vez se les llamó Cristianos a los creyentes en el evangelio (Hechos 11.19-26). A esta Iglesia fue enviado luego, de parte de la Iglesia de Jerusalén, Bernabé el cual llevó a Saulo y allí estuvieron alrededor de un año. De allí partieron Saulo y Bernabé rumbo a Selencia, navegaron luego a Chipre, llegaron a Salamina y pasaron a Pafos, de Pafos navegaron hasta Perge en Pangilia y de allí a Antioquía de Pisidia. En estos lugares estuvieron predicando el evangelio en las sinagogas de los judíos de donde fueron rechazados y perseguidos (Hechos 13.50.51) por lo que partieron rumbo a Iconio y de allí a la región de  Licaonia en Listra y despues a Derbe; en estas ciudades fueron perseguidos, apedreados y expulsados por los judíos pero Pablo o Saulo y Bernabé regresaron luego a Listra, a Iconio y a Antioquía y en cada Iglesia constituyeron ancianos (griego presbuteros) para la gobernación de cada iglesia local (Hechos 14.1-28).

Después de terminado este primer viaje misionero de Pablo, se llevó a cabo en Jerusalén el primer Concilio de la Iglesia Cristiana (Hechos 15.1-31) en donde estuvieron los apóstoles y ancianos de la Iglesia de Jerusalén y algunos ancianos de la Iglesia de Antioquía, juntamente con Pablo y Bernabé. Dicho concilio parece haber sido presidido por Santiago (o Jacobo) quien para ese momento ya había escrito la “Epístola Universal de Santiago” dirigida a los judíos cristianos dispersos producto de las primeras persecuciones (aproximadamente en el año 45 D.C.). Ya para esta fecha, Mateo había escrito un pre-evangelio en Hebreo.

Después del concilio, el apóstol Pablo inició su segundo viaje misionero acompañado de Silas, pasando por Siria y Cilicia, luego a Derbe y a Listra donde conoció a Timoteo (a quién hizo su ayudante), pasaron por Frigia y Galacia, sin predicar en estas provincias por restricción divina (Hechos 16.6) luego pasaron a Misia y de allí fueron a Troas y, por una visión, pasaron a Macedonia (a la ciudad de Filipos) donde estuvieron algunos días predicando el evangelio. En Troas se unió al grupo misionero de Pablo, Lucas un judío de Antioquía y médico de profesión autor del tercer evangelio y del libro de los Hechos quien fue testigo ocular de los eventos narrados en su libro “Hechos de los Apóstoles”. Allí en Filipos, se convirtió al cristianismo la primera persona de Europa (Hechos 16.14), siendo así fundada la primera Iglesia europea por Pablo (Filipenses 1.1). También Pablo y Silas fueron encarcelados y torturados (Hechos 16.23), luego fueron puestos en libertad y partieron rumbo a Tesalónica, pasando primero por Anfípoles y Apolonia.

En Tesalónica Pablo predicaba en la sinagoga de los Judíos en donde fueron convertidos en Cristianos no solo Judíos sino también los no judíos o gentiles de aquella ciudad; allí estuvieron por espacio de tres meses fundando así otra iglesia (1 Tesalonicenses 1.1). Luego, y por la oposición Judía que provocó una revuelta en aquella ciudad, Pablo y Silas debieron abandonarle viajando rumbo a Berea; una vez en Berea también predicaron sobre el evangelio y permanecieron en aquella ciudad  Silas y Timoteo. Por su parte Pablo, debido a la oposición judía, debió viajar rumbo a Atenas. En Atenas, Pablo predicó el evangelio de Jesucristo pero muy pocos fueron convertidos ya que estos no estaban ganados a creer en el tema de la resurrección (Hechos 17.32), de manera que los pocos que creyeron se fueron con Pablo hacia la ciudad de Corinto. Allí en Corinto Pablo recibió a Silas y Timoteo el cual le dio un informe personal de la Iglesia de Tesalónica (1 Tesalonicenses 3.6) por lo cual Pablo le escribe la “Primera Epístola a los Tesalonicenses” junto con Silvano y Timoteo (1 Tesalonicenses 1.1); siendo esta la primera Epístola de Pablo a iglesia alguna, escrita cerca del año 51 D.C. y después de la “Epístola Universal de Santiago” el primer escritor del N.T.

Esta Epístola a los tesalonicenses produjo en aquella comunidad una alarma general acerca de la segunda venida del Señor Jesucristo, por lo que el Apóstol Pablo debió escribirles (pocos meses después) la “Segunda Epístola a los Tesalonicenses” para aclararles algunas cosas sobre el regreso del Señor (2 Tesalonicenses 2.1-17). Aún estando en Corinto, Pablo fundó otra Iglesia, permaneciendo allí por espacio de un año y medio “enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18.11). Después Pablo, Priscila y Aquila salieron de Corinto rumbo a Siria, pasando por Éfeso (en donde se quedaron Priscila y Aquila) continuando Pablo su viaje hacia Cesarea para visitar aquella iglesia y, de allí, partió luego para Antioquía.

Desde Antioquía Pablo comenzó su tercer viaje misionero visitando las regiones de Galacia y de Frigia, pasando por las ciudades de Tarso, Derbe, Listra, Iconio y Antioquía de Písidia. Luego se dirigió a la ciudad de Éfeso (en donde permanecían Aquila y Priscila ya que Apolos había partido hacia Corinto en Acaya; ver: Hechos 18.27, 19.1). En Éfeso, Pablo permaneció alrededor de tres años (Hechos 19.8-10, 22, 31) y desde allí, cerca del año 54 D.C., el Apóstol Pablo escribió su “Primera Epístola a los Corintios” (1ª Corintios 16.5-8) dirigida a la iglesia de Corinto como respuesta a una carta que aquellos le habían enviado para consultarle acerca del matrimonio y de las comidas ofrecidas a los ídolos por las religiones paganas que se vendían en el mercado (1ª Corintios 7.1, 8.1-13).

Pablo en su primera epístola le promete a los corintios ir a verlos (1ª Corintios 16.5-8) después de pasar en Éfeso la fecha de Pentecostés y de visitar Macedonia. Estando en Éfeso el apóstol, posiblemente, cambió de planes y les escribió a los corintios anunciándoles que los visitaría pronto y que debía pasar luego a Macedonia para regresar a Corinto y de allí partir a Judea (ver: 2ª Corintios 1.15-16). Como no pudo Pablo cumplir con dicho plan debió retomar la ruta escrita en la primera epístola, escribiéndoles una tercera carta para explicarles las razones del cambio de planes (ver: 2ª Corintios 2. 1-4).

Con motivo de la campaña de desprestigio en su contra, Pablo debió escribirles otra carta a la iglesia de Corinto la cual conocemos como “Segunda Epístola a los Corintios” (viene a ser, realmente, la 4ta epístola); escrita en el año 55 D.C. probablemente desde Filipos (Macedonia) para defender la autenticidad y autoridad de su apostolado contra aquellos que pretendían suplantarlo en el afecto y la obediencia de aquellos cristianos (2ª Corintios 10.1, 13.10). En aquella “4ta epístola les anuncia su pronta visita, la cual realizó al salir de Macedonia rumbo a Grecia (Hechos 20.1-3). En Corinto permaneció por tres meses desde donde escribió las epístolas a los “Gálatas” y a los “Romanos”; transcurría el año 56 D.C.; la primera, dirigida a todas las “iglesias de Galacia” (Gálatas 1.2) y la segunda, dirigida a “todos” los que estaban en Roma (Romanos 1.7). En esta carta a los cristianos romanos Pablo les comunica su deseo de ir a Roma para verlos y continuar un viaje rumbo a España (Romanos 15.22-24).

Al terminar su estadía en la región de Acaya (en Grecia), Pablo no pudo embarcarse rumbo a Siria (debido a la oposición Judía) por lo que debió regresar a Macedonia y desde allí (pasando por Asia Menor) fue rumbo a Jerusalén (Hechos 20.3, 21.17); terminando así su tercer viaje misionero. Una vez en Jerusalén, estando Pablo en el Templo, fue atacado por los Judíos, siendo rescatado por los soldados romanos, pero encarcelado por estos (Hechos 21.27-22.29). Luego Pablo debió comparecer ante el concilio judío (Hechos 23.1-22), también ante el gobernador de Judea, Félix (Hechos 23.23-24.27), dos años después compareció ante el sucesor de Félix, Porcio Festo (Hechos 25.1-12) y luego ante el rey Agripa (Hechos 25.13-26.31). Agripa, aún considerando que Pablo podía haber quedado libre pero a solicitud expresa del Apóstol (ejerciendo su derecho de ciudadano romano), hizo llevar a Pablo a Roma para que compareciese ante el César (Hechos 26.32). De tal manera que, en este tiempo, Pablo estuvo prisionero por poco tiempo en Jerusalén, luego tres años en Cesarea y luego por dos años en Roma.

En aquel forzado viaje, Pablo estuvo acompañado por Lucas (el evangelista) en calidad de ayudante y sirviente. Estando en Roma, a Pablo le fue permitido vivir bajo la custodia de un soldado al cual estaba encadenado esperando su proceso. Esta situación de “libertad condicionada” fue aprovechada por Pablo para llevar el evangelio tanto a los judíos como a los gentiles de Roma, ministerio que llevó a cabo durante los dos años de su primera prisión en Roma (Hechos 28.30).

Durante su primera prisión Pablo escribió otras cuatro epístolas, éstas son: Efesios, Colosenses, Filemón y Filipenses, las 3 primeras en el año 60 y la última en el año 61 D.C. De estas epístolas, Efesios es la primera de las epístolas de la prisión dirigida a “los santos y fieles en Cristo Jesús” (Efesios 1.1), lo cual se cree no sólo se refería a la iglesia de Éfeso sino que también incluía a la iglesia de Laodicea (mencionada en Colosenses 4.16). Esto se deduce del hecho que las palabras “a los efesios” no se encuentra en los mejores manuscritos antiguos y el tema de la misma es la Iglesia no como una asamblea local sino como el cuerpo de Cristo, la iglesia verdadera; ya que no dice nada de organización eclesiástica ni dirige ningún saludo a algún creyente en especial.

En cuanto a las dos oportunidades que Pablo estuvo prisionero en Roma entre los años 62 y 68 D.C. (con un intervalo de tiempo en libertad) esto no ha sido del todo aceptado, aún cuando es lo más probable debido al hecho de haber dejado Pablo a Trófimo en Mileto (según 2ª Timoteo 4.20) lo cual no pudo haber ocurrido en el último viaje a Jerusalén que hizo el apóstol (según Hechos 20.4, 21.29) ni en el viaje que hizo el Apóstol a Roma con motivo de la apelación ante el César (dado que en esa ocasión Pablo no pasó por Mileto) por lo cual, para hacer posible ese evento, el Apóstol Pabló debió ser liberado de la primera prisión y haber disfrutado de un intervalo de libertad durante el cual continuó su ministerio. Así pudo visitar a Nicópolis en el mar Adriático al norte de Grecia (Tito 3.12) y a Mileto, cerca de Éfeso en Asia Menor (2ª Timoteo 4.20). Además, fue durante este período de tiempo en libertad que Pablo escribió las epístolas “1ª Timoteo”, “Tito” y “2ª Timoteo” (años 62-64 D.C.); siendo “2ª Timoteo” la última epístola escrita por el apóstol Pablo desde Roma poco antes de padecer el martirio (2ª Timoteo 4.6-8) bajo el reinado de Nerón, quien tras un incendio que destruyó parte de Roma acusó de ello a los cristianos, inició una persecución en la que Pablo fue decapitado en Roma en el año 68 D.C.(en el mismo año en el cual Pedro fue crucificado –también en Roma, mientras ejercía su ministerio como Obispo entre los cristianos de la ciudad capital del Imperio).

En cuanto a las “Epístolas Universales” atribuibles al Apóstol Pedro aquellas fueron escritas: la primera en el año 63 D.C. desde Roma a Babilonia a orillas del Eufrates (1ª Pedro 5.13) y la segunda, en el año 64 D.C. A su vez, La “Epístola Universal” de Judas (hermano de Santiago) se estima que fue escrita cerca del año 66 D.C. al igual, muy probablemente, que la “Epístola a los Hebreos” la cual se cree que fue escrita antes de la destrucción de Jerusalén (Comp. Hebreos 10.11). Por cierto, esa epístola “a los Hebreos”, erróneamente se le atribuye a Pablo, no obstante en dicha carta su nombre no se menciona (como sí ocurre en todas sus otras cartas) aún cuando se pueda suponer que dicha epístola expone el método usado por Pablo al predicar en las sinagogas; de la misma sólo se conoce que fue escrita desde Italia (posiblemente por Apolo, hombre conocedor de las escrituras del A.T. el cual demostraba por las “escrituras que Jesús era el Cristo”; véase: Hechos 18.22-24).

En cuanto al libro de los “Hechos de los Apóstoles” ya se mencionó que este fue escrito por Lucas (el evangelista) cerca del año 65 D.C. dedicado a Teófilo, un cristiano de clase noble, al cual ya había dedicado pocos años antes su evangelio (Lucas 1.1-4, Hechos 1.1-2). Del evangelio de Mateo se estima que alrededor del año 37 D.C. él escribió un pre-evangelio en el idioma hebreo para ser leído por los Judíos cristianos y que luego un autor anónimo escribió en el idioma griego (idioma comercial en la época del Imperio Romano, en el cual fue escrito el resto del N.T.) un evangelio más completo y organizado tomando como base aquel que fue redactado por Mateo; por esta razón se le atribuye a este último el “Evangelio según San Mateo” que actualmente conocemos, cuya versión griega fue escrita cerca del año 80 D.C.

El evangelio de Marcos, y de hecho el único que en realidad se tituló “Evangelio”, fue escrito para los Judíos -cristianos antes de la destrucción de Jerusalén entre los años 57-63 D.C. por Marcos (mencionado en Hechos 12.12, 25, 15.37, 39, Colosenses 4.10, 2 Timoteo 4.11 y Filemon 24).

De los escritos del Apóstol San Juan se sabe que fueron escritos entre los años 90-96 D.C. en la ancianidad del apóstol. De su evangelio y de 1ª de Juan se puede decir que parecen dos tomos de una misma obra, ambos escritos probablemente en el año 90 D.C.; poco después fueron escritas sus dos últimas epístolas (2ª y 3ª de Juan), posiblemente en el mismo año 90 D.C. El último libro del N.T., tal como lo conocemos, fue el Apocalipsis o Revelación también escrito por San Juan (Apocalipsis 1.1) desde la isla de Patmos (Apocalipsis 1.9), en el Mar Egeo, en donde se encontraba el Apóstol viviendo luego de ser desterrado de Éfeso por el Emperador Dominiciano. Se cree que el Capítulo 21 del Evangelio según San Juan fue escrito después de la muerte del apóstol en el año 100 D.C. para desmentir un rumor de que Juan no morirá hasta que volviera el Señor (Juan 21.23, 24).

Magister o Especialista: Ideas para reflexionar sobre sus diferencias.

18 septiembre 2009 2 comentarios

Lo que sigue a continuación sólo procura contribuir con la discusión que se ha ventilado en las primeras sesiones de clase del Postgrado en Psicología de la Instrucción (UCV), en la cohorte 2009-2. No pretende ser una reflexión acabada sino sólo un punto de partida para que juntos reflexionemos (en nuestras clases, fuera de ellas o en estos “espacios” virtuales) sobre el “perfil” que más se ajusta a nuestros particulares intereses en la formación de 4to nivel que estamos comenzando. Pretendo aquí esbozar algunas diferencias entre las opciones de Postgrado que nos son familiares en el contexto académico venezolano al finalizar nuestra formación de Licenciatura (o su equivalente: Profesor/a, Abogado/a, Ingeniero/a, etc.); por lo tanto, espero sirva también para aclarar un poco el panorama a otros profesionales y/o estudiantes interesados en cursar estudios de 4to nivel (no sólo a mis compañeros de clases -aunque en mi reflexión los tenga a ellos en mente).

Una nota sobre el “Contexto” académico venezolano.

En Venezuela disponemos de tres títulos académicos de “Postgrado” (debidamente reglamentados por el Consejo Nacional de Universidades -CNU -para mayor información, consulten la web del Consejo Consultivo Nacional de Postgrados: www.ccnpg.gov.ve), estos son: Especialista, Magister Scientiarum y Doctor (valga aclarar -según tengo entendido- que los llamados “Diplomados” no están reglamentados ni reconocidos por el CNU); como debería esperarse, estas tres titulaciones responden a perfiles profesionales distintos (aunque no siempre nos resulten del todo claros). Por otra parte, en cuanto a la “significación” colectiva (entiéndase: Representación social, prestigio cultural) de tales titulaciones en nuestro país, pareciese que las diferenciamos en un “orden” de complejidad creciente y/o dificultad ascendente (1. Especialidad -> 2. Maestría -> 3. Doctorado); y esto no sólo en los ámbitos académicos sino -peor aún- en el ámbito profesional en general (ej. vasta ver las puntuaciones otorgadas en cualquier “baremo” al concursar para un empleo). Nada más ajeno de la realidad, con ello sólo se consigue ignorar por completo el “perfil” que debe subyacer a cada una de las titulaciones en cuestión. Trataré entonces de delimitar tales perfiles que han de diferenciar a un/a Especialista de un/a Magister (y/o Doctor/a).

Dos “perfiles” distintos: Solucionador vs. Conocedor.

Para comenzar a diferenciar, propongo el contraste “Solucionador vs. Conocedor”. Entiendo que tal “solucionador” es quien dirige su esfuerzo intelectual (cognoscitivo-instrumental) a disminuir, controlar y/o eliminar la incidencia de una situación que puede interpretarse como problemática para alguien (individuo, institución, empresa, sociedad); un “alguien” -concreto en el tiempo (con identidad propia: Nombre y Apellido, Denominación Comercial e Institucional, etc.)- que además demanda un resultado útil a sus fines e intereses particulares, un resultado práctico que marque un antes y un después al proceso de intervención realizado por el profesional interventor; compare con la labor de un médico “especialista” en una determinada cirugía: opera (interviene) para “curar” (minimizar, eliminar) un problema (enfermedad) de un paciente (persona) en particular (no de todas las personas que padecen tal enfermedad o que la padecerán en el futuro).

En cuanto al “conocedor”, entiendo que el mismo es quien dirige su esfuerzo intelectual (cognoscitivo-instrumental) a describir, interpretar, explicar, predecir una situación y/o fenómeno determinado (no tiene por qué ser considerado como un problema) de interés general o particular. El beneficiario (cliente, demandante o usuario) de tales conocimientos no siempre es concreto (al margen de las instituciones que financien y/o demanden tales conocimientos); es decir, tal conocimiento trasciende el <aquí y ahora> de su producción. Es más, no siempre los resultados son los esperados (las hipótesis) y -aún así- siguen siendo válidos y útiles (generando hipótesis alternativas y nuevas vías de estudio). Retomando la metáfora del médico mencionada arriba, compare con la labor de dicho “especialista” en un estudio epidemiológico: esta vez reúne datos, los interpreta, analiza, evalua las condiciones y/o características que tiene la propagación de una determinada enfermedad en una población bajo estudio; sus resultados y conclusiones no sólo permitirían describir (caracterizar) la epidemia, quizás apunte a explicarla (establecer relaciones causales-funcionales entre variables), a predecirla (cuando y bajo qué condiciones ocurrirá otra vez). De hecho, si su estudio es riguroso, válido y confiable (y en función de su amplitud) pudiese arrojar “luces” (nuevas hipótesis) para continuar indagando en las variables causales a fin de “controlar” esa epidemia en un futuro, ya sea a nivel macro (en la comunidad en general) o micro (en los individuos particulares).

Ahora bien, si el anterior contraste entre “solucionador vs. conocedor” ha sido claro, entonces es más fácil entender una de las diferencias que pudiesemos establecer entre especialistas y magister: los “Especialistas” vienen a ser profesionales capacitados para intervenir y solucionar problemas; los “Magister”, estarían capacitados para comprender y explicar situaciones. Sin embargo, -aclaro- no creo pertinente diferenciarlos en función de una presunta complejidad “creciente”: ambos tienen sus propias complejidades; es decir, requieren habilidades (cognoscitivas, personales y hasta motoras), cualidades, destrezas y/o condiciones personales diferentes. Así, ¿imaginan ustedes a una persona introvertida, tímida, que en su rol de “especialista”, tenga que “vender” un proyecto de intervención “X” ante la junta directiva de un canal de TV? O, por el contrario, una persona de pensamiento práctico -pragmática- que se tenga que desempeñar como “investigador” y tenga que reflexionar sobre las múltiples maneras de entender un fenómeno, ¿que tal lo haría?

Adicionalmente, creo oportuno señalar que tampoco es adecuado diferenciar a un “Especialista” de un “Magister” por su vínculo con la investigación científica; entendiendo por investigación científica aquella “(…) investigación crítica, controlada y empírica de fenómenos naturales, guiada por la teoría y la hipótesis acerca de las supuestas relaciones entre dichos fenómenos” (Kerlinger, 1988:11). A mi entender, tal investigación no es ajena a ningún profesional solo que cada uno se involucra desde ópticas diferentes, con énfasis diferentes: el Especialista investiga científicamente desde una óptica mayormente “inductiva” (de lo particular -que constituye su día a día- a lo general -las leyes científicas) y centrado en la creación de vias “alternas” para la intervención y la “traducción” de los conocimientos teóricos-conceptuales en herramientas prácticas -pragmáticas- útiles en contextos específicos. A su vez, el Magister investiga científicamente desde una óptica básicamente “hipotético-deductiva” (de lo general a lo particular) y se centra en la creación de “herramientas conceptuales”, así como en la ampliación, comprobación y/o modificación de los conocimientos ya existentes y trascendentes a los contextos expecíficos en los cuales se estudian los fenómenos.

Para finalizar, otra diferenciación necesaria: Investigador Novel vs. Investigador Creador.

No quiero cerrar estas ideas sin decir algo en torno a los doctorados. Si el Magister lo podemos equiparar con un “Investigador Novel” (novato), entonces al Doctor podríamos equipararlo con un “Investigador Creador”. En síntesis, así podemos verlo: un/a Doctor/a es un investigador de mayor jerarquía que un Magister por cuanto está formado/a, entrenado/a y comprometido/a con la creación (innovación) de nuevos conocimientos en su área de experticia. Se trata de un nivel de estudios que cierra el ciclo formativo iniciado con la Maestría -al menos esa es la función que se observa en la realidad académica venezolana; es el paso lógico que sigue a los estudios de Maestría, no así a los estudios de Especialización. Para decirlo en otras palabras -aunque puedan resultar polémicas- no me parece adecuado asumir que un Especialista tenga que “completar” su formación profesional cursando un programa doctoral (a menos que quiera re-direccionar su ámbito de desempeño profesional a la esfera de la investigación, al margen de su entrenamiento para la intervención); creo que lo más adecuado -para “completar” su formación profesional- es enrrumbarse en un proyecto individual de proseguir cursos de actualización, de perfeccionamiento profesional y/o diplomados (o master en Universidades internacionales) vinculados con su área de especialización.

Finalmente, para “resumir” lo dicho en este artículo en una frase final: El Especialista está formado para producir cambios en la realidad, el Magister está formado para producir cambios en el conocimiento de esa realidad.

Referencia.

Kerlinger, Fred (1988). Investigación del Comportamiento. (3º Edición, 2º Edición en Español).  México: McGraw Hill Interamericana.